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sábado, 28 de enero de 2023

Tras los pasos de Shantideva

 

Las Seis Conciencias

En los pasos de Shantideva

"Para escuchar las enseñanzas de Dharma, debemos tener una actitud de humildad. Se dice que “en la cima de la montaña de la arrogancia, las aguas de las enseñanzas no permanecen y las flores de las realizaciones no crecen.

En el valle de la humildad, las aguas de las enseñanzas permanecen y las flores de la realización pueden crecer”.

Humildad no quiere decir sentirse inferior, sino reconocer nuestras cualidades y límites, reconociendo asimismo las cualidades de los demás, sin considerarlos superiores o inferiores a nosotros.

Para escuchar las enseñanzas de Dharma lo primero es reconocernos como enfermos. Sabemos que estamos enfermos a través de los síntomas de la enfermedad. ¿Cuáles son estos síntomas? El sufrimiento y la insatisfacción principalmente. ¿Y cuál es la enfermedad? La enfermedad es la ignorancia, el enfado, el apego, el deseo. Reconocernos enfermos es requisito para poder curarnos.

Cuando reconocemos la enfermedad y pensamos “no quiero estar enfermo” buscamos un médico, un sanador que nos ayude a sanar la enfermedad. Hasta que no tengamos conciencia de que estamos enfermos interiormente, no haremos nada para sanar la enfermedad.

La primera conciencia es vernos como un paciente enfermo. Nuestra enfermedad es la ignorancia, los celos, el enfado, el miedo, el deseo y la insatisfacción, que se manifiestan con sufrimiento.

Esto no significa que seamos enfermos mentales, es algo mucho más profundo. No tenemos que escuchar las enseñanzas solo para aprender algo nuevo, sino para sanar algo dentro de nosotros.

La segunda conciencia es contemplar el Dharma, las enseñanzas del Buddha, como la medicina que nos va a ayudar a sanar nuestra enfermedad. Recibir las enseñanzas es para sanar la propia enfermedad y el Dharma es la medicina.

La tercera conciencia es contemplar al maestro espiritual como el médico. Además de la medicina, necesitamos un médico, una persona que haga el diagnóstico, que prescriba la medicina que necesitamos. El maestro espiritual nos da la medicina del Dharma, la medicina espiritual, que nos guía hacia la sanación.

Se dice que Lama Gangchen Rimpoché es un lama sanador, que tiene el poder de sanar todas las enfermedades. Nuestra enfermedad más profunda es la de la mente, es nuestro sufrimiento. Las otras enfermedades que podemos tener, sean del cuerpo o las que llamamos normalmente enfermedades mentales, son el resultado de la enfermedad más profunda, la ignorancia.

La ignorancia es una visión errónea de nosotros y del mundo que se manifiesta en egoísmo. El egoísmo, a su vez, se manifiesta en aversión y atracción, a través de los celos, del enfado, del miedo y de todos los demás venenos mentales. Es muy importante ver al maestro espiritual como al médico que nos da la medicina.

Santideva en el Bodisatvachariavatara decía que escuchar las enseñanzas de Dharma y no practicarlas, es igual que ir al médico y leer solo la receta, sin tomar las medicinas.

¿Qué diferencia hay entre no tener medicinas y, tenerlas y no tomarlas? Ninguna. En el monasterio se hace algo parecido con los textos. Por ejemplo, yo tengo muchos textos que no he leído y probablemente, no leeré en mucho tiempo, pero ¡ah! tengo todos los textos de lama Tsong Khapa, de Pabonka Rimpoché, del Lam Rim, los comentarios de los Tantras, todos los textos están ahí, pero ¿qué diferencia existe entre no tener los textos y tener los textos y no leerlos?

Del mismo modo, que diferencia existe entre no recibir enseñanzas de Dharma y recibirlas y no practicarlas. La única diferencia es que las enseñanzas de Dharma dan una impronta positiva a nuestra mente para poder practicar en el futuro. Es mejor que nada, pero si no practicamos, es muy parecido a nada.

La cuarta conciencia es la práctica sincera del Dharma como un proceso de curación. Esto quiere decir que si quiero sanarme, tengo que tomar la medicina del Dharma, que es la práctica sincera. No es suficiente decir los mantras mientras pensamos en otras cosas y tener muchas imágenes de Buda sino conectamos la mente con las imágenes. La sinceridad en la práctica es muy importante y no es fácil.

Con el tiempo, tendemos a hacer la práctica basándonos en nuestra imagen, no solamente la imagen que damos a los demás, sino para decirnos a nosotros mismos “soy un gran practicante, hago la puya al guru, la autocuración, etc” sin tener un contacto directo con las prácticas en nuestro corazón. Es muy importante para nosotros, tener la conciencia de que el proceso de curación es practicar con sinceridad.

Es importante recordar que el Dharma está dentro de nosotros. El Dharma no está en las estatuas, en las imágenes, en los textos, no está en el maestro, todo esto es muy importante para representar el Dharma que nosotros tenemos que desarrollar dentro. El verdadero Dharma está dentro de nosotros y tenemos que practicarlo. Esta es una de las razones por las que el budismo no gusta a alguna gente; es un camino espiritual donde somos responsables de nuestro desarrollo.

Algunas personas dicen “llevo ya cinco años practicando con mucho esfuerzo y todo sigue igual, el Dharma no funciona.” La pregunta sería, ¿estás más calmado que tres años atrás? Dice, sí. ¿Sientes menos insatisfacción? Dice, sí. ¿Tienes más concentración? Dice, sí. ¿Eres menos violento? Dice, sí. ¿Cómo puedes decir que no está funcionando?

El problema es que tenemos la expectativa de que en cinco años vamos a alcanzar la iluminación y ser un bodisattva. Tenemos que recordar que es un proceso gradual, tenemos un conocimiento mínimo de nosotros mismos. Cuando se empieza a practicar con sinceridad, con el tiempo, vamos a conocernos a nosotros mismos más profundamente, vamos a ver muchos defectos que antes no veíamos. Podemos pensar que hemos empeorado, pero no es así.

La quinta conciencia es larga permanencia en el sendero del Dharma. Para obtener un resultado, es necesario practicar durante mucho tiempo. No basta un día, dos días, un año, dos años. Si tengo una enfermedad crónica ¿en pocos días se puede sanar o necesita de un tiempo más largo?

La enfermedad de nuestra mente es crónica. El proceso de curación es gradual. Dentro de este proceso de curación, tenemos que regocijarnos de cada paso que damos y no pensar que es mucho tiempo. Cada paso que damos nos tiene que hacer felices.

Para transformarnos necesitamos tiempo y mucho esfuerzo, hasta que lleguemos al punto de no retorno. El camino espiritual es un camino donde se necesita constancia y esfuerzo. Si yo quiero hacer el maratón de las próximas olimpiadas, tengo que entrenar de forma constante, no es suficiente con entrenar diez días con mucho esfuerzo y después estar tres meses sin hacer nada. Tengo que hacerlo todos los días.

No tenemos que pensar “¡Ah, se necesita mucho tiempo! entonces yo no puedo porque tengo ya muchos años.” Tenemos que recordar que el tiempo es relativo. Se puede practicar muchos años y hacer muy poco, y en un día, hacer mucho. Lo que marca la diferencia del tiempo es la calidad del tiempo.

No es el tiempo material de minutos, horas, días, años. Si pudiéramos usar los sesenta segundos de un minuto, un minuto sería muy largo. Si conseguimos dedicar nuestra vida a practicar el Dharma en todas las circunstancias; con la familia, en el trabajo, a solas, con otras personas, es posible hacer mucho en un tiempo material pequeño.

Si para practicar el Dharma tenemos que estar sentados en meditación, necesitaremos de mucho más tiempo material para practicar. Del mismo modo, si me siento a meditar cada día quince minutos o media hora, después de un mes voy a tener buenos resultados. Si medito media hora, una hora, cada quince días, necesito de mucho más tiempo para tener algún resultado. Tenemos que usar el tiempo con calidad, en un día se puede hacer mucho, en un año se puede hacer mucho.

La quinta conciencia es que necesito practicar el Dharma con sinceridad, de forma constante y largo tiempo para ver los resultados completos.

La sexta conciencia es la conciencia del estado de ser de un buddha. Si no creo en la posibilidad de alcanzar el estado de iluminación, no puedo hacer esfuerzo para practicar el Dharma. Quiero alcanzar la iluminación, porque creo que es posible, porque creo en mi naturaleza pura. Sin esta conciencia de reconocimiento de nuestro potencial, es muy difícil poner esfuerzo para alcanzar el estado de un buda.

Resumiendo, los pasos son: Estoy enfermo. El Dharma es la medicina que puede curar mi enfermedad. El maestro espiritual es el médico que me da la medicina. Practicar con sinceridad el Dharma, es el proceso de curación. Este proceso de curación necesita de un tiempo largo y de constancia. Es posible alcanzar el resultado final que es la iluminación.”

viernes, 21 de agosto de 2020

KLESHAS Y EGO

 

Cómo funciona tu mente

 Gaylon Ferguson

 

William James, uno de los fundadores de la psicología moderna, escribió en 1890 que nuestra primera experiencia del mundo es de “una gran confusión floreciente y vibrante”. Si bien la investigación moderna muestra que los recién nacidos tienen más capacidad de entender su experiencia de lo que creía James, incluso como adultos seguimos confundidos acerca de cómo funciona nuestra mente. Sí, todos sabemos que tenemos mentes y experiencias psicológicas, pero ¿quiénes somos realmente? ¿Cómo funciona la mente para dar forma a nuestra experiencia de nuestro mundo, nuestra experiencia sentida de estar vivo? ¿Cómo podríamos reducir la velocidad por un momento para ver claramente el deslumbrante desarrollo rápido de la mente y el mundo?

La psicología budista comienza examinando nuestra experiencia diaria de claridad y confusión acerca de nuestra mente y nuestro yo. Los primeros mapas budistas de nuestro sentido del yo muestran cinco pasos clave en el proceso del desarrollo del ego. La palabra sánscrita para estos cinco, los skandhas, significa literalmente “agregados” o "montones".

Los skandhas no son tanto conjuntos de partículas elementales de existencia como conjuntos momentáneos de eventos mentales y físicos. De hecho, la mente y el cuerpo, el mental y el físico, son los dos tipos principales de eventos. Nos experimentamos a nosotros mismos como seres encarnados en un mundo de otras formas físicas como árboles y automóviles. También nos movemos en un mundo de otros seres vivos con sus propias experiencias mentales de sufrimiento y tranquilidad.

Los cinco skandhas, los "montones" de nuestro ser básico, son (1) forma, (2) sensación, (3) percepción, (4) concepto y (5) conciencia. Caminemos juntos ahora a través de estos cinco y examinemos cómo, paso a paso, construyen nuestro sentido de identidad.

Forma

El primer skandha se llama “forma”, es decir, tanto nuestro cuerpo físico como el cuerpo del mundo. ¿Cómo es esto parte de nuestra experiencia mental?

La forma es la base de nuestro ser, la sensación fundamental de que somos este cuerpo, algo separado de esta mente. Esta separación es la distinción principal en nuestra experiencia ordinaria. Mi cuerpo tiene un peso que aparece en la bálanza del baño por la mañana, mientras que mis pensamientos son de sustancia incierta. Son importantes, sobre todo para mí, pero no son materiales. Mi cuerpo y mi mente surgen juntos, pero en una tensión incómoda. No puedo simplemente pensar en mi peso subiendo o bajando.

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Como en cualquier relación dualista, el cuerpo y la mente pueden convivir en armonía durante un tiempo, disfrutando de la compañía y la amistad del otro. Pero el cuerpo y la mente también pueden caer en profundas divisiones, disputas y separaciones arraigadas. Cuando todo va bien, mi cuerpo coopera con lo que mi mente parece querer de él: “Vamos a desayunar ahora, ¿de acuerdo?” Pero a veces mi cuerpo se rebela y me duele la rodilla justo cuando quería salir a correr o me quedo dormido durante una reunión importante.

El cuerpo y la mente son como dos hermanos peleadores pero unidos. Si estamos físicamente cansados ​​o hambrientos, nuestra experiencia y el juicio de los demás pueden tener el sabor correspondiente de fatiga o niveles bajos de azúcar en sangre. Un estudio reciente mostró que los jueces israelíes concedieron libertad condicional en el sesenta y cinco por ciento de los casos que escucharon inmediatamente después de haber comido y en casi cero casos que escucharon justo antes de un período de descanso o al final del día. De modo que la primera percepción del funcionamiento de nuestra mente es que comprender la experiencia mental requiere también una atención especial al skandha de la forma.

Sensación

La siguiente fase en el surgimiento del yo se llama “sensación”. Esto significa nuestro sentido básico de agradar, desagradar o ser indiferente a lo que percibimos.

¿Cómo nos sentimos acerca de las formas y seres con los que nos encontramos? ¿Se sienten atractivos o amenazadores? ¿Tenemos ganas de acercarnos o alejarnos de ellos? Estos sentimientos intuitivos –que no son emociones completamente desarrolladas— son la base de nuestros impulsos posteriores de acercarse o de alejarse de lo que estamos experimentando. “¿Un suéter abrigador en invierno? Mmm, bueno, me gusta mucho esto”. “¿Demasiadas capas en el calor del sol del mediodía? Mmm, mal, me gustaría quitarme algunas de estas”. Gusto, disgusto, atracción, repulsión, neutralidad: damos vueltas y vueltas todo el día y toda la noche. Los sueños y las pesadillas están todos condimentados por las sensaciones.

La sensación es el trasfondo general de toda nuestra experiencia, una textura cambiante de encuentro e intercambio con nuestro mundo. Esto no es negar que hay seres benévolos y malévolos en el mundo, aquellos que nos desean lo mejor y aquellos que nos harían daño. Como dicen: “Hasta los paranoicos tienen enemigos reales”.

Tenga en cuenta que estos sentimientos son nuestra experiencia mental. Es en parte el deleite de nuestras propias mentes lo que estamos probando cuando disfrutamos de una deliciosa manzana. El skandha de la sensación apunta a este aspecto principalmente mental de toda nuestra experiencia. Nuestras propias mentes acompañan nuestra experiencia de cualquier cosa. Esto suena obvio al principio, apenas vale la pena mencionarlo, pero es una de las ideas clave de las tradiciones contemplativas. Nuestras experiencias agradables o desagradables de quien sea o lo que sea, siempre tienen un aspecto interior. A este aspecto interior lo llamamos “mente”.

Percepción

La siguiente etapa en el desarrollo del yo se llama “percepción”. Estos son discernimientos más específicos que las evaluaciones simples y generales de las sensaciones: pulgar hacia arriba, pulgar hacia abajo o neutral. Aquí está: “Me gusta mucho, no solo la calidez que proporciona mi nuevo suéter de lana, sino también su color celeste y su textura suave”. Estas percepciones de las atractivas y deseables cualidades del nuevo suéter están teñidas por prejuicios del pasado. Lo hemos prejuzgado por tener buenas cualidades basándonos en nuestras sensaciones anteriores.

Tenga en cuenta que estos juicios perceptivos son todos desde mi punto de vista, desde la perspectiva de un “yo” que se solidifica gradualmente. (Sería muy diferente la experiencia de una polilla con el suéter). Lo percibimos como “un suéter de lana azul claro realmente buen” porque, al menos por el momento, parece estar “de mi lado”, del lado de un “yo” central. Hay una sensación surgiendo de que este suéter me satisface y me completa, así que me agarro para aferrarme a él. Es como si al sujetarme con fuerza al suéter (sustitúyelo por lo que te quede mejor), también me aferro a un yo.

El egocentrismo de este “percibir” viene a casa para descansar en la recompensa psicológica: que este suéter me sienta bien, “bueno para salir”, un poco mejor de lo que estaba sin él, y mucho más sólido en un mundo que cambia rápidamente.

Es como si el skandha de la percepción fuera un antiguo operador de centralita controlando temerosamente nuestras llamadas telefónicas de acuerdo con un simple criterio: ¿a favor o en contra de mí? Como resultado, nuestra experiencia del mundo llega convenientemente empaquetada en cosas que percibimos que son buenas para nosotros y cosas que no lo son. ¿Qué está mal con eso?

El problema es que el operador de la centralita actúa con ansiosa prisa, sin apenas hacer una pausa para preguntar el nombre de la persona que llama o la naturaleza de la llamada. El operador rápidamente, demasiado rápido, decide dejar pasar algunas llamadas como “amigos” y negar el acceso a otras como “enemigos”. Esto sería tremendamente útil y eficaz si fuera preciso.

Desafortunadamente, con demasiada frecuencia se trata de una serie cómica de errores dolorosos, simplemente una suposición prejuiciosa basada en patrones habituales: “Oh, lo recuerdo por el agradable sonido de su voz ayer, Sr. Smith, es un muy buen amigo, yo le comunico de inmediato”. O “No, no lo recuerdo, Sr. Jones, nunca escuché de usted, pero su fea voz me recuerda a una persona que llamó ayer, así que, por favor, ¡adiós!” Como vemos en esta analogía, la percepción agrega nombres y etiquetas de “reconocimiento” basados ​​en la experiencia pasada. También vemos que los impulsos correspondientes se desarrollan para captar o alejar activamente nuestra experiencia.

Nuestro operador de centralita perceptual hiper ocupado tampoco toma en cuenta el hecho crucial del cambio. Todos hemos tenido la experiencia de descubrir que la persona de la que no estábamos seguros ayer resulta ser un aliado cercano y un amigo mañana, y viceversa. Este descubrimiento vivificante de lo nuevo es lo que es bloqueado por la “descarga” de percepciones pasadas.

Concepto

El proceso de desarrollo del ego se endurece aún más con el cuarto skandha: “concepto” o “formación mental”.

Con el concepto, ahora tenemos un nombre para el tipo de persona que es el Sr. Smith: “bueno, agradable”, y una serie de nombres, “malo, desagradable”, para el tipo de persona que el Sr. Jones representa para nosotros. Este es el reino de las historias y las ideologías. Este es el aspecto dualista de la mente que llamamos “falso intelecto”: usar categorías conceptuales fijas para identificarnos a nosotros mismos y a los demás.

En este reino de percepción distorsionada, comenzamos a engañarnos inteligentemente a nosotros mismos basándonos en juicios rápidos, intuiciones nubladas, noticias de ayer: “Oh, ya veo: soy este tipo de persona y tú eres ese tipo de persona. Así que no podríamos ser amigos. ¡Adiós!”

En esta etapa, hemos desarrollado interpretaciones sofisticadas de nosotros mismos y de nuestra experiencia, mucho más allá del “sí” y el “no” básicos de la sensación. Esta es la dimensión de las explicaciones psicológicas: “Soy este tipo de persona, porque eso pasó antes”.

Una vez más, esto no niega el poder de las causas y condiciones previas en la formación de los seres en los que nos hemos convertido. Pero la tentación es solidificar el agua que fluye de la nueva percepción en el hielo helado de las ideas mentales fijas. Me repito una y otra vez, y a todo el que esté dispuesto a escuchar, viejas historias de quién soy, quién era y en quién me estoy convirtiendo (así como quién eres y por qué eres así). Dejamos atrás la espaciosa y abierta humildad del no saber y nos refugiamos en una maraña de conceptos. ¡Uy!

Conciencia

Finalmente, descubrimos la experiencia mental del quinto skandha, “conciencia”. El impulso acumulado de la división inicial de mente y cuerpo, la sensación positiva o negativa de los demás y las etiquetas de nosotros mismos y de nuestro mundo culminan en una vívida exhibición de emociones y pensamientos.

Este skandha es la corriente familiar de conciencia que experimentamos en la vida diaria, nuestra corriente mental. La psicología budista la divide en ocho conciencias separadas. Además de la conciencia de los sentidos familiares de ver, oír, oler, saborear y tocar, la psicología budista agrega una conciencia de sexto sentido de “recordar". Así como la conciencia visual percibe visiones y la conciencia auditiva atiende a los sonidos, esta sexta conciencia de la mente atiende a los pensamientos y a las emociones. También sintetiza e integra la experiencia de las otras conciencias en un todo coherente, como un hábil editor de películas que coordina imagen, sonido y comentario discursivo.

Detrás de estas seis conciencias sensoriales, a veces podemos vislumbrar dos conciencias más: una corriente sinuosa y subconsciente de emociones y ansiedad conflictivas (el klesha, o “conciencia molesta”) e incluso una conciencia de fondo nebulosa (el alaya, o “conciencia almacén”) que a veces miramos hacia atrás y llamamos “yo”. Estas corrientes subterráneas son grandes instigadores, burbujeando ocasionalmente con viejos resentimientos y celos, pasiones fijadas y negaciones fuertemente motivadas.

El skandha de la conciencia completa el desarrollo de un sentido del ego engañoso. Ahora nos sentimos separados, independientes y unitarios, aunque hay amplia evidencia de lo contrario.

No estamos separados de nuestro entorno. Si así fuera, ¿cómo podríamos respirar, comer, beber, sustentarnos? ¿De dónde viene el idioma que hablamos, escribimos y leemos? Ninguno de nosotros es autoproducido e independiente, como nos recuerdan nuestros padres y madres. Y lejos de constituir seres únicos y unitarios, surgimos como una colección dinámica de sucesos físicos y mentales, que incluyen respirar, dormir, soñar y despertar. Tenemos aspectos emocionales y fisiológicos, esqueléticos y psicológicos en nuestro ser, y aunque estos ocasionalmente entran en conflicto entre sí, también cooperan y armonizan.

Lo que puedes aprender de los Skandhas

La comprensión de sus propios procesos psicológicos, de cómo funciona su mente, no es un fin en sí. La tradición no ofrece esta enseñanza como mero conocimiento o información intelectual. Se te anima a utilizar este mapa para familiarizarte cada vez más, a través de la experiencia directa, con los procesos que llamas “yo” y “mi mente”.

Desarrollar una amistad armoniosa contigo mismo es una parte central del camino budista del despertar. Estas enseñanzas sobre los cinco skandhas te invitan a una experiencia más profunda e íntima de ti mismo. ¿Qué encuentras cuando miras tu propia experiencia del cuerpo y la mente? No se trata de dogmas, no se trata de confirmar que el mapa sea exacto o “correcto”. Parte del punto es notar que el mapa no es el territorio y nunca podría serlo. (Imagínese un mapa de Canadá del tamaño de Canadá: ¿qué tan inútil sería?) Se les invita a que se presenten como exploradores de sus propios terrenos internos y externos. Bon voyage.

Cuando te involucres en esta exploración psicológica, uno de tus mejores compañeros será una sensación de amistad hacia ti y los demás. Amabilidad significa tomar estos cinco procesos mentales no como signos de una debilidad inherente o insuficiencia fundamental, sino como aspectos de tu humanidad básica. A través del cultivo de la amabilidad, puedes experimentar los skandhas (así como cualquier otra cosa que surja en el camino) con un verdadero sentido de agradecimiento y aprecio. Déjame ser más específico aquí.

Los skandhas apuntan, ante todo, a sanar la división cuerpo-mente. Si prestas atención al cuerpo y mente como una experiencia real, no solo como una “buena idea” distante, entonces has tenido un buen comienzo. Esto se denomina tradicionalmente “atención plena del cuerpo”. Es una simple sensación de dar la bienvenida e incluir tu experiencia física presente, sin exagerar tu cuerpo ni denigrarlo, ni alabarlo ni condenarlo. Esto es amistad cuerpo-mente.

Lo mismo ocurre con los otros skandhas. Si simplemente puedes sentir tus sentimientos a medida que surgen, sin rechazarlos o contarte historias rancias de por qué tienes “razón” para sentirte de esta manera, entonces los sentimientos emergen como puntos destacados de ser humano, signos vívidos de estar vivo. No es necesario que los interpretes ni los reprimas. Esta es la libertad espaciosa. Más allá del aferramiento y la fijación, permite que tus sentimientos surjan, estén presentes y se vayan. Aprecia que la vida brota como emociones coloridas, como una experiencia sincera. Apréciate siendo humano.

De manera similar, tus pensamientos e ideas pueden verse como el juego liberador de la sabiduría. Si notas tus pensamientos como pensamientos, en lugar de confundirlos con la realidad, entonces se convierten en amigos y aliados, compañeros en el camino. En lugar de limitar tu conciencia de las percepciones sensoriales en cajas estrechas y ajustadas de “para mí” o “contra mí”, puedes abrirte a una mayor apreciación de ver y oír. Puedes saborear la inmensidad de tu mundo.

En este viaje, verás que tanto la claridad como la confusión están entretejidas en tu experiencia cotidiana de la mente. Los skandhas iluminan un proceso quíntuple de aferramiento y fijación de la mente, comprometiéndose en una batalla perdida del ego contra el mundo. Sin embargo, los mismos eventos mentales pueden ser la base para un alto el fuego, una entrada a la no lucha y a una paz luminosa.

Cada momento en el desarrollo de tu experiencia es una oportunidad para darte la bienvenida a ti mismo, a tus sentimientos, a tu mente y a los demás en tu mundo. La clave para trabajar con la mente, para comprender sus procesos, se encuentra en la calidez y amabilidad innatas de la mente misma. No necesitas un cuerpo-mente más nuevo, mejor y súper mejorado. El verdadero desafío es hacer amistad con la mente y el cuerpo que ya eres.

 

¨ Gaylon Ferguson es un acharya (maestro principal) en Shambhala Buddhist community. Tiene un doctorado en antropología cultural de la Universidad de Stanford y es miembro de la facultad de estudios religiosos y estudios interdisciplinarios de la Naropa University. Es autor de Natural Wakefulness: Discovering the Wisdom We Were Born With.

https://www.lionsroar.com/how-your-mind-works/?mc_cid=218f5f2aea&mc_eid=f6d3cb8ac9

 

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lunes, 6 de julio de 2020

Dzogchen: Sencillez sin temor


UNA DOSIS DIARIA DE DHARMA

Tsoknyi Rinpoche

TODOS LOS GRANDES MAESTROS del pasado han enseñado este mismo mensaje idéntico: Reúna las acumulaciones, purifique los oscurecimientos y reciba las bendiciones de un maestro calificado. En la tradición que represento, las prácticas preliminares y la realización de la deidad yidam se consideran muy, muy importantes. No creo que los budas y todos los maestros pasados ​​los hayan creado simplemente para llevarnos por mal camino.

El Vajrayana contiene muchos métodos para alcanzar la iluminación, mientras que presenta relativamente pocas dificultades. Algunos de los métodos más fáciles y accesibles son la devoción y la compasión, junto con el reconocimiento de la naturaleza de la mente. Combine esto con las prácticas preliminares y progresará rápidamente. Si bien Dzogchen es el pináculo, el epítome, del vehículo que es el Vajrayana, no tiene sentido captar las enseñanzas más altas y rechazar el resto. Del mismo modo, no tiene sentido inventar su propia idea privada y personal de Dzogchen para entrenar. Hacer eso hace que su “Dzogchen” sea algo inventado, algo que usted ha inventado. Llamando a sus propias teorías Dzogchen es una tonta pretensión que no tiene nada que ver con las enseñanzas genuinas y auténticas.

Verá, Dzogchen no está compuesto de fragmentos de información que pueda recolectar y llevar a casa. El Dzogchen trata de cómo ser libre. No es suficiente simplemente recibir las enseñanzas Dzogchen: debe aplicarlas, vivirlas. En este momento todavía estamos envueltos en una experiencia engañosa. Hemos creado una jaula para nosotros a partir de nuestras propias emociones y nuestro sentido de dualidad, y aquí nos sentamos, día tras día. Una vez que entendemos claramente nuestra situación, tenemos una opción: Podemos permanecer en esta jaula o podemos usar las instrucciones del Dzogchen para abrirla y liberarnos.

Con la apertura de la devoción, las bendiciones pueden entrar en nuestra corriente de ser. Cuando lo soltamos completamente con un sentido de profunda confianza, es posible reconocer el estado del despertar original. Esta práctica no es una nueva posición filosófica, no es un nuevo concepto que adquirimos, sino una forma de abandonar total y completamente todas las actitudes conceptuales.

Llegar a la vigilia sin pensamientos no es imposible, ni necesariamente es muy difícil. Sin embargo, sí requiere que acumulemos méritos, purifiquemos los oscurecimientos y establezcamos una conexión con un maestro calificado. Estas tres condiciones extremadamente importantes se enfatizan repetidamente en las enseñanzas.

Claro, se nos puede decir: “Siéntate y déjalo ir por completo; solo sé natural”. ¿Pero podemos realmente hacer esto? Tratamos de soltar, pero en realidad no lo hacemos. Todavía seguimos aguantando, manteniendo el dejar. Agarramos algo más; entonces nuevamente intentamos soltar. Siempre estamos aferrados a algo, oponiendo resistencia. En realidad, realmente no queremos dejarlo ir. Está en contra de nuestra naturaleza, por así decirlo. Preferimos retener el control del ego, que es un hábito muy fuerte. No importa cuántas veces se nos diga que lo dejemos todo y que estemos por ciento descontrolados y naturales; todavía nos aguantamos al soltar. Nos aferramos a lo que estamos reconociendo: “Ahora, ahora reconozco la naturaleza de la mente”. Nos aferramos al estado natural, aferrándonos al concepto “Esto es todo”.

En otras palabras, aunque tratamos de soltar, una parte de nosotros sigue resistiendo. Por lo tanto, nunca es el estado natural genuino. Se necesita algo para destruir por completo esta actitud conceptual, para romperla en pedazos. La atmósfera de devoción ofrece una forma esencial. Cuando nos abrimos a fondo en el momento de la devoción, es como si todas las coberturas de nuestras ideas filosóficas, todo el envoltorio, todos los conceptos que utilizamos para compartimentar la realidad están totalmente despojados. Estar lleno de genuina devoción es uno de los estados conceptuales más puros. Entonces, si hemos recibido la instrucción esencial para reconocer la esencia de la mente, podemos reconocer el despertar original autoconsciente.

Estar lleno de compasión genuina ofrece una posibilidad similar. Cuando siente una sincera empatía hacia todos los seres sensibles, la pureza de esta emoción dispersa la mente conceptual. De modo simultáneo, su mente se abre de par en par. Y nuevamente en ese momento, existe la oportunidad, si ha recibido las instrucciones esenciales, de aplicarlas. Puede reconocer la vigilia original auto conocida y llegar genuina y auténticamente al estado natural.

De lo contrario, parece que simplemente nos negamos a estar en el estado natural. Ciertamente, es nuestro hábito no serlo, y ese es un hábito muy difícil de romper. Es por eso que hay muchas prácticas para facilitar el reconocimiento de la naturaleza de la mente, para romper los hábitos normales de la mente conceptual y el ego. La sincera devoción y la compasión son los principales facilitadores para llegar al estado original.

Las prácticas preliminares facilitan el reconocimiento y la capacitación en la meditación no conceptual del Dzogchen. Si creemos que es difícil simplemente dejarlo, las prácticas preliminares son un método para que sea más fácil para nosotros. Son un conducto para la purificación, acumulación y bendiciones. En definitiva, debemos confiar en nuestra inteligencia básica. Las prácticas preliminares fortalecen y agudizan esta inteligencia.

Acumular méritos o usar métodos conceptuales es como hacer una vela, mientras que el Dzogchen indica la instrucción de como encender la vela. Debes tener ambas, la vela y un fósforo, para iluminar la oscuridad. Con un mérito inadecuado, quizás puedas reconocer la esencia de la mente, pero el reconocimiento desaparece rápidamente. No puede concentrarse; le falta la vela. Como un fósforo en la oscuridad, el reconocimiento parpadea y muere. Necesita una base estable para transportar y alimentar la llama, y ​​la acumulación de mérito forma esa base.

Deben reunirse muchas condiciones positivas para que podamos practicar un camino espiritual. Algunas personas realmente aspiran a practicar, pero sus circunstancias de vida les dificultan mucho hacerlo. Otras desean pasar tres años en retiro, pero no tienen dinero. Otras tienen mucho dinero, pero no pueden obtener ninguna enseñanza. A veces las personas tienen un muy buen maestro y enseñanzas, pero su situación es complicada: Siempre están peleando con su cónyuge y no tienen un momento de paz en casa, o su trabajo ocupa todo su tiempo. Es posible que deba cambiar sus circunstancias, pero para hacerlo debe tener mérito. Para eso, no hay mejor método que las prácticas preliminares.

Es la amabilidad de los budas proporcionarnos un camino completo, y las prácticas preliminares son parte de ese camino completo. A menudo los estudiantes se abstienen de hacerlos porque no entienden su propósito. ¡Algunos estudiantes incluso piensan que las prácticas preliminares son un tipo de castigo! En realidad, los preliminares no son un castigo para torturar a las personas, en absoluto. Su propia pereza podría decir: “Oh, no, las prácticas preliminares son muy difíciles. Probablemente no tengan sentido. No quiero hacerlas”. Pero tienes que aplastar esa tendencia perezosa. De hecho, el principal obstáculo para practicar es la pereza. Aplastarla desde el principio, y su pereza se asusta y huye, gimiendo: “Oooh, no puedo acercarme a esta persona; es demasiado para mí”. Las postraciones hacen que su pereza física sea carne picada, así como las ofrendas de mandala cortan su apego.

Para progresar verdaderamente en la práctica espiritual, también debe desarrollar la motivación adecuada: “Quiero participar en la meditación para purificar mis obscurecimientos, particularmente mi enemigo principal, el aferramiento al ego, y beneficiar a todos los seres sensibles”. Con ese tipo de motivación, progresa hacia la iluminación, no hacia la simple construcción de un ego fuerte y saludable. Hay una gran diferencia aquí.

Mientras genera esta motivación, el ego puede provocar un escándalo y tratar de crear dudas en su mente. Simplemente ignórelo. El ego podría decir: “Esto no puede ser verdad. ¿Cómo puedes ayudar a todos los seres sensibles? ¿Cómo puedes purificarte?” ¡Cuidado cuando esta voz suena y no la escuche! Recuerde que nuestro progreso depende completamente de la pureza de nuestra motivación. La práctica espiritual depende de la mente, y eso significa nuestra actitud, nuestra motivación. Y la motivación adecuada es absolutamente crucial, ya que garantiza que nuestras acciones nos conduzcan en la dirección correcta.

A menudo la gente viene a mis retiros porque quieren estar libres de sufrimiento. Piensan: “Voy a hacer práctica budista para liberarme de las emociones desagradables”. Este es un tipo de motivación, y está bien hasta donde llega. Otro tipo de motivación tiene un alcance más amplio: “Quiero ayudar a todos los seres conscientes a reconocer su conciencia auto existente”. Esta es la motivación de la bondad altruista. Lo mejor de todas las actitudes es estar motivado de una manera verdadera y no fabricada. Muy a menudo, sin embargo, no es posible, y debemos comenzar por fabricarlo con la resolución de la bodichita.

Hoy en día parece que muchas personas se sienten insatisfechas consigo mismas y con sus vidas, como si los objetivos mundanos normales no fueran suficientes. De alguna manera, el ego está cansado de lo común; necesita combustible diferente. Si toma combustible espiritual y se lo da a su ego, su ego se fortalece y puede volver a la vida mundana con renovado vigor. Pero este no es el propósito de la práctica espiritual. Honestamente, muchas personas encuentran que su ego normal está harto de la sociedad mundana. Quieren bombear sus egos, pero el combustible normal no es lo suficientemente bueno. Escuchan acerca de un cierto combustible espiritual de las montañas del Tíbet, y piensan: “¡Eso me impulsará! ¡Déjame poner en mis manos algo de eso! Entonces seré mejor, más grande y más grande. Funcionará incluso cuando estoy caminando por Times Square”. Entonces se dirigen a las montañas para recibir una inyección de combustible tibetano para bombear sus egos. Esa actitud podría estar bien en la medida en que pone a alguien en contacto con las enseñanzas, pero no sirve al verdadero propósito del Dharma.

Aferrarse al ego es muy sutil. Prácticamente todo lo que hacemos parece ser otra forma de alimentar al ego. ¡El ego nos induce a asumir un camino que parece ser una práctica espiritual genuina, pero entonces el ego sigue adelante y lo usurpa! Incluso cantar OM MANI PADME HUNG puede ser apropiado para el ego. Nos sentamos en nuestro cojín de meditación y asumimos la postura, pero sale del ego. Encendemos incienso y nos postramos ante nuestras estatuas en nuestra pequeña sala de retiro, pero todavía es todo para nuestro ego. Necesitamos algo para liberarnos del aferramiento del ego. El remedio muy efectivo para esto es la acumulación de méritos y la purificación de los oscurecimientos, junto con la devoción y la compasión.

Si no sabe cómo motivarse inicialmente de la manera verdadera, la práctica de Dharma puede no ser más que otra forma de tomar su vitamina diaria, un remedio que garantiza que “yo” sea fuerte y saludable. Cuando usa la práctica espiritual como un suplemento dietético, lo aplica cada vez que se siente un poco bajo de energía o un poco molesto. Se sientas y practica para sentirte mejor. Intenta equilibrarse a través de la práctica, y luego vuelve a sus actividades normales y se olvida de todo. Algunas personas tienen esta actitud, ¡créame! Se dicen a sí mismos que necesitan espiritualidad en sus vidas; después de todo, no es políticamente correcto ser totalmente materialista. Entonces se dan una pequeña dosis por la mañana y otra por la noche. Aplican el brillo de la espiritualidad para dar brillo a sus vidas normales. Esta es una tendencia distinta, y algunos de los llamados maestros enfatizan este enfoque al decirles a sus alumnos que serán mucho más felices si simplemente se sientan y meditan durante unos minutos todos los días. Al hacerlo, están tratando de hacer que la práctica espiritual sea más fácil, más apetitosa, más apetecible, tratando de doblegar el Dharma para adaptarse a las actitudes de las personas. Pero eso no es verdadera espiritualidad. No cometa el error de confundir este tipo de práctica con lo real.

Incluso si solo practica un poco, intente hacerlo de manera genuina, con una visión, meditación y conducta verdaderas. Incluso si es solo por un corto tiempo, que sea real. De lo contrario, es mejor abandonarlo por completo, porque puedes terminar usando el Dharma para atraparte aún más en la confusión. Pretender ser una persona espiritual y usar rosarios de oración alrededor de su muñeca es inútil en sí. Si sucede naturalmente, bien, no hay problema. Pero si su intención es ser respetado o respetada por otros, crear una mejor imagen porque medita o es espiritual, simplemente está siendo pretencioso/a.

Tampoco debe aplicar el "pulido del Dharma", práctica espiritual que se utiliza para hacer que su estado de engaño parezca más bonito y agradable. Uno puede anunciar el valor de la práctica espiritual al igual que anunciar una máquina de ejercicios: “¡Úselo dos veces al día durante tres semanas, y está garantizado desaparecer su confusión!” Suena bien, pero en realidad no funciona.

Para abrazar realmente la práctica espiritual, debes ser honesto consigo mismo y apreciar sinceramente lo que estás haciendo. La verdadera honestidad y aprecio le dan confianza en la vida. No se engañe. Si su práctica es solo para aumentar su ego, el Dharma se convierte en nada más que una máscara. Simplemente se está engañando a sí mismo, lo cual es inútil: Es mejor que no se moleste. Pero si su motivación es pura, no se engaña.

¿Quién sabe si se está engañando? El karma lo hace. El karma permanece con usted continuamente y nunca cierra los ojos. Incluso cuando está solo en el baño, el karma está mirando. ¡Tenga cuidado! No importa lo que haga o dónde esté, el karma nunca duerme, porque es el resultado natural de todas sus acciones e intenciones. El karma es un testigo constante de todo lo que hace, ahora y en el futuro. Si otras personas reconocen sus acciones o no realmente no importa: el karma y los budas lo harán con una precisión del 100 por ciento. Confíe en sí mismo; confíe en su motivación pura y en las buenas acciones del karma.

La motivación pura no es realmente tan difícil de entender. Todo lo que tienes que hacer es tomarla en serio y vivirla. No seas como la persona que viene a mí con una taza que contiene agua, diez cucharadas de azúcar, diez cucharadas de chile, diez cucharadas de aceite y muchas otras cosas, todo mezclado en un gran desastre. Ella dice: “Rimpoché, esto no sabe bien. Quiero que sepa mejor. ¿Puede hacer algo?” Yo digo: “Seguro, lo intentaré”. Y empiezo a verter un poco de agua. La persona salta y grita: “¡Oh, por favor, no vierta agua! Me niego a sacar nada”. Preguntándome qué debería hacer, pregunto: “¿Puedo agregar más azúcar?” Una vez más, objeta: “No, no, no quiero agregar nada, solo hacer que sepa bien. No quiero cambiar nada excepto el sabor”. ¿Qué puede hacer uno? Para mí, es muy fácil. Simplemente digo: “Bien, bien, rezaré por ti”. Porque no hay nada más que hacer excepto rezar. La gente como esta se niega a cambiar, y mucho menos deja ir el ego. ¡Sin embargo, todavía quieren que algo suceda! Están esperando un milagro que nunca llegará. Todo lo que puedo hacer es rezar.

No estoy diciendo que uno deba ser completamente fanático al insistir en que el budismo no tiene nada que ver con mejorar la situación actual en esta vida y es solo para vidas futuras. Practique genuinamente el camino budista y esta vida actual mejora automáticamente, como por defecto. Es posible que también desee asumir la responsabilidad de mejorar sus vidas futuras durante la presente, pero es mucho más fácil lograr ese objetivo cuando tiene el budismo completo.

En este libro, discutiré las razones y las formas de acceder al camino espiritual perfecto. La versión corta de cómo hacer esto es que necesitamos generar bodhichita. Para generar bodhichita primero debemos calmar nuestras mentes. Eso se hace a través de la práctica de shamatha. A través de la práctica de shamatha alcanzamos un estado de calma y permanencia. Habiendo alcanzado cierta paz, podemos acercarnos a hacer que todos los seres sensibles se sientan cómodos con la bondad amorosa y ayudarlos a liberarse del sufrimiento a través de la compasión.

El punto principal de las extraordinarias enseñanzas del Buda es la visión de que la vacuidad y la compasión son indivisibles. Ni la compasión ni la vacuidad en sí son suficientes. La vacuidad está libre de aferrarse a uno mismo. La compasión es benevolencia para todos los seres, que, por cierto, incluye a uno mismo. Estas dos están inextricablemente interconectadas.

Hay dos enfoques en el budismo tibetano. Uno comienza con los métodos de compasión y bondad amorosa. A través de estos, uno acumula méritos y poco a poco es llevado a darse cuenta de la visión de vacuidad. En el otro enfoque, debido a que uno ha llegado a la visión correcta por medio de las extraordinarias enseñanzas de la Gran Perfección, la compasión se manifiesta naturalmente como una expresión de vacuidad. La esencia de la mente se reconoce como vacía y despierta. De la expresión de esta esencia vacía, se origina la compasión. Es como si una forma avanzara gradualmente hacia arriba, mientras que la otra mira hacia abajo desde arriba. El punto aquí es que, independientemente del punto de partida, siempre son necesarias las cualidades nobles de la compasión, la devoción, la bondad amorosa y la bodichita. Esto es cierto cuando intenta reconocer rigpa y también después de reconocer rigpa, cuando estas cualidades deben estar presentes en su expresión.

Discutiré ambas formas más adelante en este libro. Algunos temas serán empleados como ayuda para reconocer la naturaleza mental en un contexto y como una mejora en otros contextos. Aunque podemos vislumbrar el estado natural a través de las bendiciones de un maestro calificado, no podemos mantener este reconocimiento a menos que reunamos las acumulaciones y purifiquemos nuestros oscurecimientos. En base a los medios hábiles del Dzogchen, somos introducidos al aspecto no confuso de nuestras mentes: la esencia misma de la mente. Sem, o mente discursiva, es el aspecto ilusorio. Desde el comienzo de nuestro entrenamiento en rigpa, exploramos la diferencia entre estar confundido y estar no confundido. A medida que meditamos, meditamos, meditamos en el aspecto no confundido, gradualmente nos volvemos más abiertos. A medida que crece esta apertura, del estado de vacuidad surge naturalmente la compasión. Esta compasión es la compasión última. Es la vacuidad y la compasión indivisas, un tema que trataré con más detalle más adelante.


Adaptado de: Fearless Simplicity. The Dzogchen Way of Living Freely in a Complex World