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jueves, 28 de marzo de 2024

La impermanencia de la pena

 

Cuando la tristeza

arrasa como el fuego

 

PEMA KHANDRO RINPOCHE| JULY 11, 2022

 

La tristeza arrasa como un gran fuego, aunque en la mente no haya madera. Una tormenta de lágrimas llueve sin cesar, aunque en el cielo de mis ojos no hay nubes. [1] —Shabkar

 

A través de su profundo despertar espiritual, el gran yogui tibetano Shabkar experimentó una pérdida  inmensa  resultando  en  una  pena  marcada  por  dolor  en  bruto,  un  sentido  de desorientación, tristeza y lágrimas. Ser testigos de cómo un maestro budista atraviesa un duelo puede darnos cierta luz acerca de cómo navegar nuestra propia pena y desmitificar cualquier fantasía que quizás tengamos acerca de la paz que niega la tristeza.

Shabkar (1781-1851) vivió en el noreste del Tíbet con su madre y su hermana. Cuando llegó a la  edad  adulta,  él  deseó  profundamente  hacer  un  viaje  espiritual.  De  acuerdo  a  su autobiografía,  él  creía  que  podía  obtener  un  gran  estado  de  liberación  que  liberaría  el sufrimiento de todos los seres. Pero el viaje que él previó significaba dejar su hogar en contra de los deseos de su madre, quien le rogó que no se fuera. Ella le dijo, “Tú eres como los ojos mismos de mi cabeza. Si te vas, tu madre será una mujer ciega. Tú eres como mi corazón. Si te vas, tu madre será como un cadáver”.

A pesar de las súplicas de su madre, Shabkar optó por irse, prometiendo regresar pronto y asentarse  cerca  de  la  casa  de  su  madre,  para  que  ella  lo  dejara  ir.  Sin  saber  que  esta conversación con su madre sería la última, sus últimas palabras para ella fueron una mentira. Año tras año él extendió sus viajes a pesar de las cartas de su madre rogándole que regresara. Al final, cuando él regresó a casa, su madre ya había muerto y la casa en la que había sido criado había caído en ruinas.

Desde el momento de su gran partida hasta su regreso, la vida de Shabkar fue una de gran heroísmo y generosidad. Él dio su riqueza, su vestido, y su comida a los hambrientos. Él curó a los enfermos, hizo cesar las peleas entre tribus, convirtió a bandidos y ladrones. Él salvó la vida de miles de animales que hubieran sido matados. Él restauró más de cien templos y diez mil estatuas de Buda. Él dio miles de bendiciones, enseñanzas y empoderamientos. La lista sigue y sigue.

Shabkar benefició a incontables personas, y su vida aún beneficia a mucha gente actualmente a través de su autobiografía, la cual es un repositorio hermoso de las enseñanzas budistas acerca de la pena. Shabkar experimentó una gran tristeza por la muerte de su madre y fue perseguido por ésta hasta su propia muerte. Él también experimentó una gran tristeza ante la pérdida de su maestro, la cual recordó muy seguido.

Shabkar no escondió su pena. De hecho, su autobiografía nos da una ventana hacia cómo la expresaba  y  también  captura  su  consejo  directo  para  cualquiera  que  está  ardiendo  en sufrimiento. 2

 

Ve y llora

En su autobiografía, Shabkar cuenta detenerse ante el Monte Kailash para dar consejo a una asamblea de personas que lo seguían ahí. Su discurso fue una larga exposición acerca del despertar de la negación de la impermanencia, una enseñanza típicamente de introducción al Vajrayana.  Pero  también  incluía  algo  no  muy  típico:  una  extraña  lección  acerca  de  la importancia del llanto. Shabkar escribió:

El llorar cuando uno se separa de su gurú, y cuando muere tu padre o tu madre, es algo noble en este mundo. Es algo que podemos desear, no es algo despreciable. Aquellos que no lloran no se tienen que sentir incómodos por los muchos que sí lloran; aquellos que lloran no se necesitan sentir avergonzados, ya que llorar es justo en estas ocasiones. Cualquiera que sienta ganas de llorar debe de hacerlo, debe ponerse a llorar –no hay nada malo en llorar.

La sugerencia de Shabkar de que no debemos dudar en llorar cuando la ocasión nos llama a ello, y también que no debemos sentirnos culpables si no podemos hacerlo, es un consejo que puede adecuarse bien a la psicología moderna, la cual nos recuerda una y otra vez que no hay una sóla manera correcta de atravesar una pena. Más aún, él corta a través de la noción budista de que la ecuanimidad más o menos significa permanecer estoicos o sin sentimientos.

De hecho, Shabkar lloró por tres días cuando dejó a su maestro, y luego lloró más cuando su maestro murió. Él lloró cuando vio las lágrimas de sus propios seguidores. Lloró cuando su estudiante murió. Cuando su madre murió, su pena era infinita. Incluso cuando sus lágrimas se hubieron secado, su pena lo siguió a lo largo de toda su vida.

 

Transferir la compasión a otros

Shabkar procesó su pena acerca de su madre a través de sus encuentros con otros quienes le recordaban a ella. Esto refleja la práctica budista de considerar que todos los seres han sido la madre de uno en algún tiempo u en otro. También refleja cómo trabajaba Shabkar con su mente. El sufrimiento y la pérdida que sintió alimentaron una compasión cruda y de corazón abierto hacia los demás.

En una ocasión, él vio a una mujer de edad avanzada que no podía caminar y estaba acostada en un hueco, con infecciones que derramaban pus en su cuerpo. Viendo que ella se estaba muriendo de hambre, él pidió limosna para alimentarla por un mes y rezó por ella diciendo, “No hay un sólo ser que no haya sido mi madre”. Él lloró por verla desahuciada, y cuando ella vio sus lágrimas, ella lloró también diciéndole, “Yo tuve un querido hijo que murió. El que tú  hayas  venido  aquí  es como  volverlo  a  encontrar de nuevo;  es  como  si  él hubiera regresado  de  la  muerte.”  Y ambos  lloraron  juntos  por  un  largo  tiempo.  Es una  escena conmovedora en la cual dos personas separadas de sus seres amados comparten un momento de pena y amor.

Una vida puede ser así. A veces no podemos dar amor a quien se lo queremos dar. Quizás esa persona no lo puede recibir, o quizás esa persona ya ha muerto en el tiempo en el que tenemos el amor que darle. Otras veces quizás tratemos de dar amor y éste cae en oídos sordos. A veces no es seguro amar a una persona directamente. Pero la pena nos abre a mucha ternura y amor, y podemos dar ese amor a alguien más, incluso si es con la memoria de aquel que perdimos en nuestro corazón. Al hacerlo, podemos dedicar el mérito de nuestro altruismo y la compasión al amado a quien deseábamos haberle podido amar. Hay una satisfacción en hacer esto.

Esta transferencia de compasión sucedió de nuevo cuando Shabkar regresó a su tierra natal tras haber estado lejos por mucho tiempo. No sólo su madre estaba muerta, sino que su hogar de la infancia estaba en ruinas. Ahí en las ruinas encontró a una mujer mendiga y paralizada. Esa es una escena común en la India y en Nepal incluso en los tiempos actuales: gente con cuerpos desfigurados,  viviendo  en  callejones  o  en  esquinas,  mendigando  o  durmiendo.

Cuando Shabkar miró hacia esta mujer con pena, la imagen de su madre surgió en su mente. Su desafinamiento le recordó a las súplicas de su madre por su ayuda y por su retorno, un deseo que Shabkar nunca le concedió. Una tristeza profunda surgió desde las profundidades de su ser y se puso a llorar. Cuando la mujer mendiga vio su emoción, ella también lloró.

Mientras lloraban juntos, Shabkar cantó una canción de realización. En ella, él llora la pérdida de su hogar y de su madre, y expresa la tristeza de su propio desahucio y del de aquella mujer. Es una  canción  acerca  de  realizar  la  impermanencia,  y  revela  cómo  la  visión  espiritual profunda y la pena van mano a mano. Después de que la mujer paralizada muriese, Shabkar erigió una estupa y un templo en ese sitio y se convirtió en un lugar de peregrinaje y oraciones por muchos años siguientes.

En el budismo Mahayana, el bodhisattva tiene compasión por el sufrimiento de todos los seres.  El bodhisattva  es  un  héroe,  con  realización  que  ha  dado  surgimiento  a  tal  gran compasión y sabiduría que estas se han vuelto los principios guía de su vida. En esta escena, sin embargo, Shabkar no es representado como un bodhisattva heroico, sino como un hijo apenado. Esta es otra cara de la compasión: la compasión no nacida de realizaciones esotéricas o de la lógica aguda, definida y entusiasta de la filosofía budista, sino más bien de la pérdida.

No importa cuántas penas atravesemos, siempre queda mucha gente que está sufriendo y necesita ser amada. Los encuentros de Shabkar con las dos mujeres son recordatorios de que podemos encontrar sanación para nosotros y para los demás al continuar amando a aquellos a quienes nos encontramos.

Shabkar termina esa canción de pie con la mujer mendiga, recitando una oración en la que pide que tanto él como su madre se conviertan en guías para aliviar el sufrimiento de los seres en todas las vidas futuras.

 

En sueños

De acuerdo a la filosofía budista, la negación del cambio incesante y de la impermanencia conduce a nuestra  neurosis  y  sufrimiento.  Entonces, la  clave  para  volverse  un  buda  es reconocer la impermanencia como una marca de la existencia. A veces la impermanencia es una ruptura radical. Otras veces es sólo un cambio sutil y que no notamos, el tipo de cambio que experimentamos miles de veces en el día. Esta serie de cambios, del día a día, temporada a temporada, de una vida a la siguiente, todos añaden a la experiencia liminal de ser, la cual el budismo describe de modo adecuado. Por liminal, me refiero a que está entre dos estados, que está siempre en transición, más allá del alcance de la lógica y del control, más allá de los límites de las escrituras de nuestra cultura y de las camisas de fuerza de nuestros conceptos. En el budismo Vajrayana uno de los campos de entrenamiento para integrar este mundo cambiante es en nuestros sueños.

El budismo tibetano considera los sueños como un lugar rico y fértil donde el entrenamiento espiritual puede continuar, o donde las aflicciones mentales pueden reforzarse. Los sueños a veces son fuente de revelaciones para los maestros budistas avanzados.  En la vida de Shabkar, los sueños eran el territorio de presagios y encuentros con maestros en los cuales él recibía instrucciones y profecías. También es en sueños que Shabkar encontró la reafirmación de que su madre había viajado hacia reinos bendecidos en su vida después de la muerte.

Una noche, hacia el final de su vida y en la cima de su profundamente benevolente carrera como maestro, Shabkar tuvo un sueño en el que estaba en un paraíso con un templo de joyas y tres jóvenes mujeres. Una de ellas habló con él y le dijo, “¿No me reconoces? Él se dio cuenta que era su madre con sus dos viejas amigas. Él recordó una memoria de su infancia observando a estas dos mujeres con su madre mientras recitaban oraciones a Tara. ¡Ahora habían renacido en la tierra pura de Tara! Él vio que su madre estaba feliz. Ellos hablaron y ella lo alentó a continuar beneficiando a los seres. Shabkar sintió una gran alegría. Él recordó que su madre había acumulado mucho mérito en su vida y vio que esto la había llevado a un reino dichoso. En contraste con la imagen que él tenía en su cabeza de ella escribiendo cartas desesperadas a él, ahora la vio alegremente acompañada por sus amigas cercanas. Y él la vio  liberándolo.  Ella  le  dio  la  bendición  que  él  tanto  había  anhelado  –la  bendición  para continuar viajando y haciendo su trabajo. En el sueño, Shabkar fue liberado de décadas de culpa y pena.

Sueños tal y como este pueden ser considerados como mensajes del más allá o mensajes de la mente propia. El desconsolado no puede hacer que estos sueños sucedan, pero cuando suceden, podemos atesorarlos y recibirlos bien.

 

Una pena que va y viene

La alegría y la pena son como viajeros en la carretera, de pronto vienen, y de pronto se van. –Shabkar

Es bueno recordar que la pena no fue la única experiencia de Shabkar. Al contrario, Shabkar vivió una vida de gran alegría y servicio, antes, durante y después de su pena. Como él dijo en su canción de realización, el sol del amor y la luna de la compasión surgieron una y otra vez en él. Su realización de la impermanencia no lo dejó en la desesperanza; al contrario, fue un entrenamiento duradero y una visión profunda confirmando las enseñanzas que había recibido.  Aunque del tipo de los sueños y no del tipo de experiencias que pueden ser cosificadas, Shabkar vio la realidad como algo que disfrutaba. Él podía bailar con alegría ante la claridad vívida, brillante e inmaculada de la consciencia.

La pena no es necesariamente el precursor de una vida en la oscuridad que a veces tememos. Para Shabkar, la pena era parte de su camino a convertirse en una persona verdadera, libre y con el corazón abierto. Y al final, la pena de Shabkar fue impermanente así como aquello por lo que él sufría.

[1] Esta y las citas subsecuentes de Shabkar vienen del libro The Life of Shabkar: The autobiography of a Tibetan Yogin, traducido por Matthieu Ricard (Snow Lion, 2001).

 

Pema Khandro es una maestra y académica de la filosofía budista, así como sostenedora de los linajes Nyingma  y  Kagyu  del  budismo  tibetano.  Ella  fundó  la  organización  sin  afanes  de  lucro  Ngakpa International y sus tres proyectos: el Buddhist Studies Institute, Dakini Mountain, y el Yogic Medicine Institute. Ella está completando su doctorado specializándose en el budismo tibetano en la University of Virginia.

 

https://www.lionsroar.com/cuando-la-tristeza-arrasa-como-el-fuego/?goal=0_1988ee44b2-4e0c062b7d-21582913&mc_cid=4e0c062b7d&mc_eid=f6d3cb8ac9  

 

domingo, 20 de noviembre de 2022

La visión Vajrayana

 

LAS VEINTICINCO VISIONES TÁNTRICAS

Erik Pema Kunsang

 

Cada momento de tu vida es experiencia. Esta experiencia se desarrolla de infinitas formas, como el mandala natural de la vida, y en este mandala la mente que experimenta es la deidad. Deidad aquí significa puro y perfecto, digno de respeto y sublime por naturaleza. Todos los demás es así también, todas las demás personas en tu vida, cada gato, perro e insecto, incluso las plantas y las piedras. Al mismo tiempo, todo lo que se desarrolla dentro de la experiencia es como reflejos en un espejo. Los reflejos no están en el espejo, no entraron en el espejo y no vuelven a salir. Nada surge, nada queda, nada cesa. Un aspecto se llama forma, el otro es esencia. En el vajrayana, se les llama las dos verdades superiores. Para experimentar esto de verdad, necesitamos la visión vajrayana. Es necesario un acercamiento, una puerta de entrada. Esa puerta de entrada se llama empoderamiento. El empoderamiento nos introduce a lo que realmente somos, y esta percepción puede ampliarse a través de veinticinco niveles, diferentes formas de combinar forma y esencia.

Quizás eres del tipo que le gusta vivir en un ambiente limpio y ordenado, o quizás del tipo que se relaja con una taza de café antes de lavar los platos. Tal vez quieras que todo esté limpio y ordenado antes de relajarte. Tal vez no te importe en absoluto, porque no te importa. Las combinaciones son entre tu forma y tu esencia, cómo es la vida y cómo te sientes. Las combinaciones son infinitas. En Vajrayana también son infinitas, pero hay veinticinco con nombres

Cuando escuchamos sobre el Vajrayana, las enseñanzas budistas del tipo más esotérico, no debería generalizarse demasiado, como si fuera un conjunto uniforme. El Vajrayana cubre una gran cantidad de territorio con muchos paisajes diferentes. El punto de partida de todas estas áreas es el empoderamiento, ser bendecido, inspirado e introducido en la forma en que es la realidad. La visión en el Vajrayana es esta comprensión de la realidad, cómo realizarla y las increíbles cualidades que se desarrollan después de la realización.

La mayoría de los lectores están familiarizados con los puntos de vista conocidos como no permanencia, sufrimiento, ausencia de ego, origen dependiente y shunyata, descripciones de nuestra realidad cotidiana en cada momento. ¿Qué pasa con el Vajrayana, cuál es la visión aquí? Se puede subsumir en una declaración: Todo lo que ves, escuchas o sientes son en realidad tres aspectos del estado despierto. El maestro de meditación y filósofo tibetano Longchenpa dijo que una persona que sufre de ictericia ve una caracola como amarilla y cuando se han recuperado, la caracola se ve blanca. ¿La cáscara cambió de color? Lo mismo ocurre con la cosmovisión distorsionada de creer que todo es permanente y que nuestra vida está hecha de entidades singulares, centradas en torno a una identidad personal, el yo. Necesitamos entrar en una forma de experimentar más abierta y honesta, viendo las cosas como son. A esta transición a menudo se le llama obtener la visión correcta, y cuanto más fina y alta es la visión, más cerca estamos de ver la realidad sin filtros o ideas preconcebidas, tal como habernos recuperado por completo de la ictericia.

En el Vajrayana hay más de un nivel de comprensión de la realidad, a veces tres, a veces cinco, a veces veinticinco. Todos están claramente definidos, son distintos y cada uno de ellos describe claramente lo que somos, lo que experimentamos, nuestro cuerpo y mente, y el mundo en el que vivimos. Mi maestro Tulku Urgyen Rinpoche me los presentó de manera lineal y me gustaría compartirlos aquí brevemente, solo las perspectivas, no las prácticas. Hay cinco perspectivas básicas: la visión de Kriya Tantra, Yoga Tantra y de Mahayoga, Anuyoga y Atiyoga. Se pueden combinar entre sí en veinticinco combinaciones diferentes. Un meditador puede seguir estos veinticinco pasos y lo hará, ya sea que los haya aprendido o no, para despertar verdadera y completamente. De hecho, los tantras existen para presentar las llaves mágicas que desbloquean estos veinticinco niveles de realización.

El descubrimiento de una forma de ser sencilla, amable y consciente, te permite abrirte aún más. Este es el resultado directo del entrenamiento del bodhisattva, su corazón gentil combinado con la creciente sensación de ver que lo que solía tener en mente no existe realmente. Ver la ausencia de algo en lo que fijarse, relaja la mente para abrirse más. Esta suave apertura de la mente aún no es el estado despierto, pero trae una tremenda inspiración y un anhelo sincero de acercarse más al Buda interior real. Este es el punto de vista básico en Kriya Tantra, ya que surge en tu mente a través de la práctica.

Familiarizarse cada vez más con la visualización del estado despierto en la forma de un buda que te bendice e inspira a reconocer tus cualidades fundamentalmente perfectas, te permite experimentar una profunda autoconfianza que, , todos, incluida esta mente, tienen la misma naturaleza que un buda. Sientes esto, no como una teoría, sino en realidad, que perteneces a la misma familia: es solo una cuestión de crecer en ella más plenamente. Esta es la visión esencial en el Yoga Tantra, así es como se experimenta a través de la práctica.

El proceso por el que estás atravesando es el de acercarte gradualmente a las cualidades y la gracia del estado despierto, expresado en forma visible, sonidos audibles e imaginaciones sublimes, todos los cuales son intangibles, pero sin duda tú mismo en tu mejor momento, el corazón abierto de bondad ilimitada. La necesidad de buscar en otra parte la fuente de la gracia, la compasión y la inteligencia, disminuye gradualmente exactamente al mismo ritmo a medida que se reconoce que estas cualidades ya están presentes en la naturaleza de su mente. En este punto, automáticamente llegas a la perspectiva tremendamente expansiva y colorida de los tantras internos. Ahora estás perfectamente posicionado para ir más allá de la conciencia unilateral hacia el conocimiento sin dirección de la naturaleza de la mente. Esta experiencia, la puerta de entrada a los tantras internos, te la señala un verdadero maestro de sabiduría. La sensación de separación y distanciamiento del estado despierto se deja atrás cada vez que practicas, por lo que ingresa a la experiencia de los tantras internos. Tu referencia básica se ha convertido en la no dualidad de forma y esencia, también conocida como el dharmakaya superior de las dos verdades indivisibles, el principio y el final de todo. Junto con haber suspendido la mente dualista dentro de la inmensidad de la conciencia no dual, experimentas que las proyecciones distorsionadas ordinarias pueden quedar desocupadas para que el mandala del entorno y tú como la deidad no estén separados; son tú mismo y tu campo de experiencia. Hay una gran apreciación de la riqueza y diversidad de este mandala autoexistente, mientras que al mismo tiempo todo es unidad, la identidad única del estado despierto. Esta es la visión esencial en Mahayoga, tal como se experimenta a través de la práctica.

Si bien el medio ambiente, el cuerpo y la mente son esencialmente mente, es el énfasis en un aspecto lo que revela tres tipos de perspectivas de mandala, correspondientes a los tres tantras internos. En Mahayoga el mandala es tu entorno, en Anuyoga el mandala es tu cuerpo, y en Atiyoga la naturaleza de la mente es el mandala completo y perfecto.

Hasta este punto, tu viaje ha sido doble: una acumulación de tremenda riqueza espiritual y un abandono de la exhibición de hábitos dualistas. Esto te lleva a estar más cerca de la realidad en su estado desnudo. Tu encarnación físico-mágica, el profundo misterio de tu voz y el juego de tu espaciosa vigilia se revelan cada vez más, desde tu propio ser. Cada momento de percepción, escuchar una voz o el susurro de las hojas, conocer y sentir, todo se desarrolla dentro del mandala sagrado y natural que es tu cuerpo, una ciudad asombrosa de ruedas de canales, corrientes de energía y esferas de esencia mágica. Esta es la visión esencial en Anuyoga, tal como se experimenta a través de la práctica.

Al familiarizarte completamente con esta perspectiva a través de los yogas, la maestría es la encarnación sagrada de un buda, la iluminación manifiesta es cada acción, inmaculada como una flor de loto. Ese es el significado de inclinarse ante los pies de loto de un maestro.

Cuando se desatan todos los nudos, todas las energías perdidas regresan al canal central y la mente permanece como la amplitud de mayor facilidad, no tienes más remedio que entrar por la puerta sin puertas del despertar primordial, la visión incomparable del Atiyoga. Esto depende de haber abierto hasta que no puedas abrir más. Tu maestro es la mente despierta, esencialmente, y también lo son tus compañeros yoguis y yoguinis. La instrucción y tu práctica no es otra que la mente despierta. El entorno, la deidad, el mantra y el samadhi también son mentes despiertas. Esta es la vista esencial en el Atiyoga, tal como es experimentado a través de la práctica.

Para ilustrar la vision del Atiyoga, aquí un fragmento del Kulayaraja Tantra:

Fue entonces cuando el Ser Vajra, permaneciendo como esta inmensidad única de la esfera, surgió,

Y en presencia del Rey Todo Creador, la Mente Despierta,

Con ánimo alegre, su rostro todo jubiloso, tomó asiento.

El Rey Todo Creador, la Mente Despierta,

Se dirigió al Ser Vajra con estas palabras:

Escúchame, maestro de todos los maestros, Rey Todo Creador,

¿No es mi maestro esta esfera, más allá de todos los constructos?

¿El séquito tampoco es otro que esta esfera no construida?

¿No es también la doctrina esta esfera no construida?

¿No es el tiempo y el lugar otro que esta esfera no construida?

Cuando todo es de la naturaleza de esta esfera,

Entonces, ¿por qué, oh maestro de todos los maestros, asumes el papel de maestro?

¿Y por qué estás rodeado por este séquito?

¿Cómo es que enseñas la doctrina a este séquito?

¿Y cómo, además, el tiempo y el lugar son uno?

Para el Ser Vajra, en estas mismas palabras,

El Rey Todo Creador, Mente Despierta, entonces habló:

Gran Ser, escucha, recuerda estos sonidos

A través de los sonidos aclararé aquí el significado, así que escucha Mahasattva.

Aunque yo, el Rey Todo Creador, despertaba la mente misma,

La esencia de todos los dharmas, todo,

Soy una esfera atemporal, una esencia más allá de las construcciones,

Así, esta naturaleza no construida, esta dimensión primordial,

Esta esfera atemporal, este estado autoexistente,

Es el maestro y la enseñanza, y el séquito, el tiempo y el lugar,

Y entonces enseño a esta esfera a ser mi naturaleza.

 

De hecho, es maravilloso que los budas respondan a diferentes actitudes y habilidades enseñando a los meditadores a avanzar desde donde se encuentran. Siempre hay un nivel de práctica que te conviene, que es una gran bondad y muy práctica. A medida que profundizas y te das cuenta de más, se abre otra perspectiva asombrosa y luego otra, hasta que tu experiencia trans-panorámica es igual a la de cada ser despierto. A día de hoy, aunque el Vajrayana es todavía nuevo en nuestro idioma, todos nos enriquecemos enormemente al comprender las veinticinco formas de práctica de Vajrayana. Los veinticinco comparten la misma esencia de unidad, la única e indivisible esfera de dharmakaya, que es la mente despierta de todos los budas. Qué pueda ser realizada.

En el siglo IX, el niño genio tibetano, Vairotsana, viajó a la India donde recibió la enseñanza sobre los veinticinco puntos de vista tántricos en Bodh Gaya del destacado maestro Shri Singha. Vairotsana trajo de vuelta esta maravillosa perspectiva en forma escrita, que es la forma incluida, Los Tantras recopilados de Vairotsana. Como unas gotas del vasto océano, este artículo con mis humildes reflexiones sobre el maravilloso misterio que llamamos vida, está basado en la antigua escritura de Vairotsana combinada con la enseñanza oral de Tulku Urgyen Rinpoche.

Sobre el autor

Traductor de antiguas escrituras budistas, autor, constructor de puentes hacia la vida moderna, maestro budista e instructor de meditación. Directivo en la Junta de 84000: Traduciendo las palabras del Buda. Fundador de Rangjung Yeshe Publications y LEVEKUNST art of life.

http://levekunst.com/the-twenty-five-tantric-views/?fbclid=IwAR1Gbvqb71SCtidupR_PYE2ViLHpmwxjyqaX0K0LUhnG5UygKiXOOJ-WB2c          

miércoles, 16 de febrero de 2022

El amor inagotable del bodhisattva

 

Abre más tu corazón

Pema Khandro Rinpoche| February 14, 2022

 

No renuncies al amor. Cuando el amor sea duro o doloroso, abre aún más tu corazón.

Ese es el consejo que dio el gran maestro budista del siglo XIX, Patrul Rinpoche. Cuenta la historia de una abeja dorada que vivía feliz con su amante en un jardín de lotos. Desde el momento en que estas dos abejas se conocieron, tuvieron una conexión inmediata. Se rieron y sonrieron juntos y compartieron sus pensamientos más profundos. Pero entonces vino una tormenta. El amante de la abeja dorada falleció. En un instante, su dicha se convirtió en sufrimiento. A pesar de la virtud de su consorte y de cuánto la amaba, su vida había terminado.

Abrumada por el dolor, la abeja dorada pidió consejo. Esto es lo que le dijeron: “Los seres sintientes fueron tus buenos padres y madres en vidas anteriores. Ahora están vagando en la existencia condicionada. Aunque ellos también desean la dicha, experimentan sufrimiento. Ellos también pueden no tener amigos. Trae a la mente un gran amor y compasión mientras recuerdas a los demás de esta manera. Recordarlos despertará tu coraje. Con gran amor, cultiva el deseo de eliminar el sufrimiento de todos los seres.”

Este consejo de cultivar un amor ilimitado por todos los seres sintientes cuando nos separamos de aquellos a quienes amamos es una enseñanza para todos nosotros. Cuando nuestro amor está cansado o ha llegado a sus límites, el budismo sugiere que abramos más nuestros corazones y aprovechemos un amor más expansivo. Esta apertura es el primer paso para despertar nuestro heroísmo natural conocido como el amor del bodhisattva. Podemos abrirnos a un mayor amor en momentos de dolor porque nuestra vulnerabilidad y nuestra compasión están entrelazadas.

Al igual que la abeja dorada, podemos comenzar a abrir nuestro corazón sintiendo compasión hacia nosotros mismos y luego traer a la mente a otros que están en la misma situación. Esta práctica va en contra de nuestro habitual instinto de autoprotección. Sin embargo, resulta que cuando contemplamos el sufrimiento de los demás y abrimos más nuestro corazón, en realidad nos da más fuerza. Nos da propósito y resistencia. Abrir nuestros corazones despierta nuestro coraje intrínseco porque nuestra compasión y nuestro heroísmo natural están conectados.

Pero nuestro deseo de vivir una vida de bondad amorosa a menudo se ve eclipsado por nuestras neurosis habituales. Puede que comencemos con intenciones amorosas, pero nos cooptamos tan fácilmente al aferrarnos a las expectativas o al perdernos en artificios esponjosos. Entonces, ¿cómo podemos cultivar el amor ilimitado de una manera que se base en la sabiduría?

El gran maestro tibetano Longchenpa aconsejó en su texto El gran carro, que el amor ilimitado debe desarrollarse “uno por uno”. Partimos de nuestra propia experiencia inmediata. Recordamos el amor que recibimos de una persona, o que sentimos por una persona. Luego lo expandimos para incluir a otro, y a otro, hasta que nuestro amor incluye a todos los seres tan ilimitados como el cielo.

El amor sin límites se extiende desde el amor que conocemos de primera mano. Es por eso que el budismo nos recuerda recordar el amor que hemos recibido de nuestros padres y madres (o cuidadores), y luego construir sobre eso. Tal vez nuestra relación con nuestros padres no fue un amor fácil, tal vez el solo pensar de esa manera trae angustia. Pero eso también es parte de la práctica, ya que cultivar el amor nos pone en contacto con toda la experiencia de la vida, tanto con la belleza del mundo como con su dolor.

Recordar la experiencia de amor y bondad que hemos recibido nos impulsa a seguir adelante más allá de la separación que sentimos. Ayuda a derretir los muros que construimos entre nosotros y los demás. Al descubrir nuestra ternura natural, nos damos cuenta de que el camino del amor bondadoso es una forma de vida más auténtica porque nuestra autenticidad y el corazón tierno de la compasión están unidos.

La práctica del amor es a veces dura, incluso escandalosamente dolorosa. Un día decidimos ser amorosos y amables y tal vez al día siguiente no podamos conectarnos con el amor en absoluto. ¿Lo que falta? ¿Dónde está nuestro amor cuando no podemos sentirlo?

Una vez se le preguntó al sabio budista indio Vimalakirti: "¿Cómo podemos encontrar el amor inagotable del bodhisattva?" Él respondió: “Debemos conocer el desinterés y la vacuidad”. Cuando el amor se agota, tenemos que buscar nuestra apertura fundamental y abandonar la lucha del ego. Abrirse más hace que tremendos recursos estén disponibles espontáneamente. Por eso dicen que el amor del bodhisattva es como la luz de la luna que brilla sobre cien tazones de agua. Todos los cuencos están llenos de luz de luna, pero no porque la luna lo esté haciendo mediante esfuerzos agresivos. Hay abundante luz porque la luna se va relajando como está, entregándose a su luminosidad innata.

Conectarnos con el amor sin límites nos ofrece ecuanimidad. Cuando nos enfrentamos a nuestras circunstancias con una actitud de bondad amorosa, ofrecemos una forma de vida que es estable independientemente del comportamiento de los demás. Es inevitable que la vida tenga dramas e incertidumbre, pero podemos enfrentarlos con un sentido único de nuestro llamado a cultivar más bondad amorosa.

El budismo dice que debido a la impermanencia, las personas que una vez fueron nuestros amigos podrían ser nuestros enemigos ahora, y las personas que ahora son nuestros amigos pueden ser enemigos algún día. Nuestros amigos pueden hacernos daño sin saberlo. Por lo tanto, seremos inestables si confiamos en cómo otras personas se relacionan con nosotros para decidir si tendremos bondad amorosa. Estaremos atrapados en las reacciones en lugar de vivir en la ecuanimidad que surge de la resolución de afrontar la vida con dulzura y calidez. Así, el cultivo del amor ilimitado y la realización de la ecuanimidad están unidos. Cuando hay drama en el jardín de lotos, nos estabilizamos al expandirnos para encontrarnos con lo que venga con un corazón más abierto.

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