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jueves, 28 de marzo de 2024

La impermanencia de la pena

 

Cuando la tristeza

arrasa como el fuego

 

PEMA KHANDRO RINPOCHE| JULY 11, 2022

 

La tristeza arrasa como un gran fuego, aunque en la mente no haya madera. Una tormenta de lágrimas llueve sin cesar, aunque en el cielo de mis ojos no hay nubes. [1] —Shabkar

 

A través de su profundo despertar espiritual, el gran yogui tibetano Shabkar experimentó una pérdida  inmensa  resultando  en  una  pena  marcada  por  dolor  en  bruto,  un  sentido  de desorientación, tristeza y lágrimas. Ser testigos de cómo un maestro budista atraviesa un duelo puede darnos cierta luz acerca de cómo navegar nuestra propia pena y desmitificar cualquier fantasía que quizás tengamos acerca de la paz que niega la tristeza.

Shabkar (1781-1851) vivió en el noreste del Tíbet con su madre y su hermana. Cuando llegó a la  edad  adulta,  él  deseó  profundamente  hacer  un  viaje  espiritual.  De  acuerdo  a  su autobiografía,  él  creía  que  podía  obtener  un  gran  estado  de  liberación  que  liberaría  el sufrimiento de todos los seres. Pero el viaje que él previó significaba dejar su hogar en contra de los deseos de su madre, quien le rogó que no se fuera. Ella le dijo, “Tú eres como los ojos mismos de mi cabeza. Si te vas, tu madre será una mujer ciega. Tú eres como mi corazón. Si te vas, tu madre será como un cadáver”.

A pesar de las súplicas de su madre, Shabkar optó por irse, prometiendo regresar pronto y asentarse  cerca  de  la  casa  de  su  madre,  para  que  ella  lo  dejara  ir.  Sin  saber  que  esta conversación con su madre sería la última, sus últimas palabras para ella fueron una mentira. Año tras año él extendió sus viajes a pesar de las cartas de su madre rogándole que regresara. Al final, cuando él regresó a casa, su madre ya había muerto y la casa en la que había sido criado había caído en ruinas.

Desde el momento de su gran partida hasta su regreso, la vida de Shabkar fue una de gran heroísmo y generosidad. Él dio su riqueza, su vestido, y su comida a los hambrientos. Él curó a los enfermos, hizo cesar las peleas entre tribus, convirtió a bandidos y ladrones. Él salvó la vida de miles de animales que hubieran sido matados. Él restauró más de cien templos y diez mil estatuas de Buda. Él dio miles de bendiciones, enseñanzas y empoderamientos. La lista sigue y sigue.

Shabkar benefició a incontables personas, y su vida aún beneficia a mucha gente actualmente a través de su autobiografía, la cual es un repositorio hermoso de las enseñanzas budistas acerca de la pena. Shabkar experimentó una gran tristeza por la muerte de su madre y fue perseguido por ésta hasta su propia muerte. Él también experimentó una gran tristeza ante la pérdida de su maestro, la cual recordó muy seguido.

Shabkar no escondió su pena. De hecho, su autobiografía nos da una ventana hacia cómo la expresaba  y  también  captura  su  consejo  directo  para  cualquiera  que  está  ardiendo  en sufrimiento. 2

 

Ve y llora

En su autobiografía, Shabkar cuenta detenerse ante el Monte Kailash para dar consejo a una asamblea de personas que lo seguían ahí. Su discurso fue una larga exposición acerca del despertar de la negación de la impermanencia, una enseñanza típicamente de introducción al Vajrayana.  Pero  también  incluía  algo  no  muy  típico:  una  extraña  lección  acerca  de  la importancia del llanto. Shabkar escribió:

El llorar cuando uno se separa de su gurú, y cuando muere tu padre o tu madre, es algo noble en este mundo. Es algo que podemos desear, no es algo despreciable. Aquellos que no lloran no se tienen que sentir incómodos por los muchos que sí lloran; aquellos que lloran no se necesitan sentir avergonzados, ya que llorar es justo en estas ocasiones. Cualquiera que sienta ganas de llorar debe de hacerlo, debe ponerse a llorar –no hay nada malo en llorar.

La sugerencia de Shabkar de que no debemos dudar en llorar cuando la ocasión nos llama a ello, y también que no debemos sentirnos culpables si no podemos hacerlo, es un consejo que puede adecuarse bien a la psicología moderna, la cual nos recuerda una y otra vez que no hay una sóla manera correcta de atravesar una pena. Más aún, él corta a través de la noción budista de que la ecuanimidad más o menos significa permanecer estoicos o sin sentimientos.

De hecho, Shabkar lloró por tres días cuando dejó a su maestro, y luego lloró más cuando su maestro murió. Él lloró cuando vio las lágrimas de sus propios seguidores. Lloró cuando su estudiante murió. Cuando su madre murió, su pena era infinita. Incluso cuando sus lágrimas se hubieron secado, su pena lo siguió a lo largo de toda su vida.

 

Transferir la compasión a otros

Shabkar procesó su pena acerca de su madre a través de sus encuentros con otros quienes le recordaban a ella. Esto refleja la práctica budista de considerar que todos los seres han sido la madre de uno en algún tiempo u en otro. También refleja cómo trabajaba Shabkar con su mente. El sufrimiento y la pérdida que sintió alimentaron una compasión cruda y de corazón abierto hacia los demás.

En una ocasión, él vio a una mujer de edad avanzada que no podía caminar y estaba acostada en un hueco, con infecciones que derramaban pus en su cuerpo. Viendo que ella se estaba muriendo de hambre, él pidió limosna para alimentarla por un mes y rezó por ella diciendo, “No hay un sólo ser que no haya sido mi madre”. Él lloró por verla desahuciada, y cuando ella vio sus lágrimas, ella lloró también diciéndole, “Yo tuve un querido hijo que murió. El que tú  hayas  venido  aquí  es como  volverlo  a  encontrar de nuevo;  es  como  si  él hubiera regresado  de  la  muerte.”  Y ambos  lloraron  juntos  por  un  largo  tiempo.  Es una  escena conmovedora en la cual dos personas separadas de sus seres amados comparten un momento de pena y amor.

Una vida puede ser así. A veces no podemos dar amor a quien se lo queremos dar. Quizás esa persona no lo puede recibir, o quizás esa persona ya ha muerto en el tiempo en el que tenemos el amor que darle. Otras veces quizás tratemos de dar amor y éste cae en oídos sordos. A veces no es seguro amar a una persona directamente. Pero la pena nos abre a mucha ternura y amor, y podemos dar ese amor a alguien más, incluso si es con la memoria de aquel que perdimos en nuestro corazón. Al hacerlo, podemos dedicar el mérito de nuestro altruismo y la compasión al amado a quien deseábamos haberle podido amar. Hay una satisfacción en hacer esto.

Esta transferencia de compasión sucedió de nuevo cuando Shabkar regresó a su tierra natal tras haber estado lejos por mucho tiempo. No sólo su madre estaba muerta, sino que su hogar de la infancia estaba en ruinas. Ahí en las ruinas encontró a una mujer mendiga y paralizada. Esa es una escena común en la India y en Nepal incluso en los tiempos actuales: gente con cuerpos desfigurados,  viviendo  en  callejones  o  en  esquinas,  mendigando  o  durmiendo.

Cuando Shabkar miró hacia esta mujer con pena, la imagen de su madre surgió en su mente. Su desafinamiento le recordó a las súplicas de su madre por su ayuda y por su retorno, un deseo que Shabkar nunca le concedió. Una tristeza profunda surgió desde las profundidades de su ser y se puso a llorar. Cuando la mujer mendiga vio su emoción, ella también lloró.

Mientras lloraban juntos, Shabkar cantó una canción de realización. En ella, él llora la pérdida de su hogar y de su madre, y expresa la tristeza de su propio desahucio y del de aquella mujer. Es una  canción  acerca  de  realizar  la  impermanencia,  y  revela  cómo  la  visión  espiritual profunda y la pena van mano a mano. Después de que la mujer paralizada muriese, Shabkar erigió una estupa y un templo en ese sitio y se convirtió en un lugar de peregrinaje y oraciones por muchos años siguientes.

En el budismo Mahayana, el bodhisattva tiene compasión por el sufrimiento de todos los seres.  El bodhisattva  es  un  héroe,  con  realización  que  ha  dado  surgimiento  a  tal  gran compasión y sabiduría que estas se han vuelto los principios guía de su vida. En esta escena, sin embargo, Shabkar no es representado como un bodhisattva heroico, sino como un hijo apenado. Esta es otra cara de la compasión: la compasión no nacida de realizaciones esotéricas o de la lógica aguda, definida y entusiasta de la filosofía budista, sino más bien de la pérdida.

No importa cuántas penas atravesemos, siempre queda mucha gente que está sufriendo y necesita ser amada. Los encuentros de Shabkar con las dos mujeres son recordatorios de que podemos encontrar sanación para nosotros y para los demás al continuar amando a aquellos a quienes nos encontramos.

Shabkar termina esa canción de pie con la mujer mendiga, recitando una oración en la que pide que tanto él como su madre se conviertan en guías para aliviar el sufrimiento de los seres en todas las vidas futuras.

 

En sueños

De acuerdo a la filosofía budista, la negación del cambio incesante y de la impermanencia conduce a nuestra  neurosis  y  sufrimiento.  Entonces, la  clave  para  volverse  un  buda  es reconocer la impermanencia como una marca de la existencia. A veces la impermanencia es una ruptura radical. Otras veces es sólo un cambio sutil y que no notamos, el tipo de cambio que experimentamos miles de veces en el día. Esta serie de cambios, del día a día, temporada a temporada, de una vida a la siguiente, todos añaden a la experiencia liminal de ser, la cual el budismo describe de modo adecuado. Por liminal, me refiero a que está entre dos estados, que está siempre en transición, más allá del alcance de la lógica y del control, más allá de los límites de las escrituras de nuestra cultura y de las camisas de fuerza de nuestros conceptos. En el budismo Vajrayana uno de los campos de entrenamiento para integrar este mundo cambiante es en nuestros sueños.

El budismo tibetano considera los sueños como un lugar rico y fértil donde el entrenamiento espiritual puede continuar, o donde las aflicciones mentales pueden reforzarse. Los sueños a veces son fuente de revelaciones para los maestros budistas avanzados.  En la vida de Shabkar, los sueños eran el territorio de presagios y encuentros con maestros en los cuales él recibía instrucciones y profecías. También es en sueños que Shabkar encontró la reafirmación de que su madre había viajado hacia reinos bendecidos en su vida después de la muerte.

Una noche, hacia el final de su vida y en la cima de su profundamente benevolente carrera como maestro, Shabkar tuvo un sueño en el que estaba en un paraíso con un templo de joyas y tres jóvenes mujeres. Una de ellas habló con él y le dijo, “¿No me reconoces? Él se dio cuenta que era su madre con sus dos viejas amigas. Él recordó una memoria de su infancia observando a estas dos mujeres con su madre mientras recitaban oraciones a Tara. ¡Ahora habían renacido en la tierra pura de Tara! Él vio que su madre estaba feliz. Ellos hablaron y ella lo alentó a continuar beneficiando a los seres. Shabkar sintió una gran alegría. Él recordó que su madre había acumulado mucho mérito en su vida y vio que esto la había llevado a un reino dichoso. En contraste con la imagen que él tenía en su cabeza de ella escribiendo cartas desesperadas a él, ahora la vio alegremente acompañada por sus amigas cercanas. Y él la vio  liberándolo.  Ella  le  dio  la  bendición  que  él  tanto  había  anhelado  –la  bendición  para continuar viajando y haciendo su trabajo. En el sueño, Shabkar fue liberado de décadas de culpa y pena.

Sueños tal y como este pueden ser considerados como mensajes del más allá o mensajes de la mente propia. El desconsolado no puede hacer que estos sueños sucedan, pero cuando suceden, podemos atesorarlos y recibirlos bien.

 

Una pena que va y viene

La alegría y la pena son como viajeros en la carretera, de pronto vienen, y de pronto se van. –Shabkar

Es bueno recordar que la pena no fue la única experiencia de Shabkar. Al contrario, Shabkar vivió una vida de gran alegría y servicio, antes, durante y después de su pena. Como él dijo en su canción de realización, el sol del amor y la luna de la compasión surgieron una y otra vez en él. Su realización de la impermanencia no lo dejó en la desesperanza; al contrario, fue un entrenamiento duradero y una visión profunda confirmando las enseñanzas que había recibido.  Aunque del tipo de los sueños y no del tipo de experiencias que pueden ser cosificadas, Shabkar vio la realidad como algo que disfrutaba. Él podía bailar con alegría ante la claridad vívida, brillante e inmaculada de la consciencia.

La pena no es necesariamente el precursor de una vida en la oscuridad que a veces tememos. Para Shabkar, la pena era parte de su camino a convertirse en una persona verdadera, libre y con el corazón abierto. Y al final, la pena de Shabkar fue impermanente así como aquello por lo que él sufría.

[1] Esta y las citas subsecuentes de Shabkar vienen del libro The Life of Shabkar: The autobiography of a Tibetan Yogin, traducido por Matthieu Ricard (Snow Lion, 2001).

 

Pema Khandro es una maestra y académica de la filosofía budista, así como sostenedora de los linajes Nyingma  y  Kagyu  del  budismo  tibetano.  Ella  fundó  la  organización  sin  afanes  de  lucro  Ngakpa International y sus tres proyectos: el Buddhist Studies Institute, Dakini Mountain, y el Yogic Medicine Institute. Ella está completando su doctorado specializándose en el budismo tibetano en la University of Virginia.

 

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Amor ilimitado


Abre más tu corazón

 

Pema Khandro Rinpoche| February 14, 2022
 

No renuncies al amor. Cuando el amor sea duro o doloroso, abre aún más tu corazón. Ese es el consejo que dio el gran maestro budista del siglo XIX, Patrul Rinpoche. Cuenta la historia de una abeja dorada que vivía feliz con su amante en un jardín de lotos.  Desde  el  momento  en  que  estas  dos  abejas  se  conocieron,  tuvieron  una conexión inmediata. Se rieron y sonrieron juntos y compartieron sus pensamientos más  profundos.  Pero  entonces  vino  una  tormenta.  El  amante  de  la  abeja  dorada falleció. En un instante, su dicha se convirtió en sufrimiento. A pesar de la virtud de su consorte y de cuánto la amaba, su vida había terminado. 

Abrumada por el dolor, la abeja dorada pidió consejo. Esto es lo que le dijeron: “Los seres sintientes fueron tus buenos padres y madres en vidas anteriores. Ahora están vagando  en  la  existencia  condicionada.  Aunque  ellos  también  desean  la  dicha, experimentan sufrimiento. Ellos también pueden no tener amigos. Trae a la mente un  gran  amor  y  compasión  mientras  recuerdas  a  los  demás  de  esta  manera. Recordarlos  despertará  tu  coraje.  Con  gran  amor,  cultiva el  deseo  de  eliminar  el sufrimiento de todos los seres.” 

Este consejo de cultivar un amor ilimitado por todos los seres sintientes cuando nos separamos de aquellos a quienes amamos es una enseñanza para todos nosotros. Cuando nuestro amor está cansado o ha llegado a sus límites, el budismo sugiere que abramos  más  nuestros  corazones  y  aprovechemos  un  amor  más  expansivo.  Esta apertura es el primer paso para despertar nuestro heroísmo natural conocido como el amor del bodhisattva. Podemos abrirnos a un mayor amor en momentos de dolor porque nuestra vulnerabilidad y nuestra compasión están entrelazadas. 

Al igual que la abeja dorada, podemos comenzar a abrir nuestro corazón sintiendo compasión hacia nosotros mismos y luego traer a la mente a otros que están en la misma  situación.  Esta  práctica  va  en  contra  de  nuestro  habitual  instinto  de autoprotección. Sin embargo, resulta que cuando contemplamos el sufrimiento de los demás y abrimos más nuestro corazón, en realidad nos da más fuerza. Nos da propósito y resistencia. Abrir nuestros corazones despierta nuestro coraje intrínseco porque nuestra compasión y nuestro heroísmo natural están conectados. 

Pero nuestro deseo de vivir una vida de bondad amorosa a menudo se ve eclipsado por nuestras neurosis habituales. Puede que comencemos con intenciones amorosas, pero nos cooptamos tan fácilmente al aferrarnos a las expectativas o al perdernos en artificios esponjosos. Entonces, ¿cómo podemos cultivar el amor ilimitado de una manera que se base en la sabiduría? 
 
El gran maestro tibetano Longchenpa aconsejó en su texto  El gran carro, que el amor  ilimitado  debe  desarrollarse  “uno  por  uno”.  Partimos  de  nuestra  propia experiencia inmediata. Recordamos el amor que recibimos de una persona, o que sentimos por una persona. Luego lo expandimos para incluir a otro, y a otro, hasta que nuestro amor incluye a todos los seres tan ilimitados como el cielo. 

El amor sin límites se extiende desde el amor que conocemos de primera mano. Es por  eso  que  el  budismo  nos  recuerda  recordar  el  amor  que  hemos  recibido  de nuestros padres y madres (o cuidadores), y luego construir sobre eso. Tal vez nuestra relación  con  nuestros  padres  no  fue  un  amor  fácil,  tal  vez  el  solo  pensar  de  esa manera trae angustia. Pero eso también es parte de la práctica, ya que cultivar el amor nos pone en contacto con toda la experiencia de la vida, tanto con la belleza del mundo como con su dolor. 

Recordar la experiencia de amor y bondad que hemos recibido nos impulsa a seguir adelante más allá de la separación que sentimos. Ayuda a derretir los muros que construimos entre nosotros y los demás. Al descubrir nuestra ternura natural, nos damos  cuenta  de  que  el  camino  del  amor  bondadoso  es  una  forma  de  vida  más auténtica  porque  nuestra  autenticidad  y  el  corazón  tierno  de  la  compasión  están unidos. 

La práctica del amor es a veces dura, incluso escandalosamente dolorosa. Un día decidimos ser amorosos y amables y tal vez al día siguiente no podamos conectarnos con  el  amor  en  absoluto.  ¿Lo  que  falta?  ¿Dónde  está  nuestro  amor  cuando  no podemos sentirlo? 

Una  vez  se  le  preguntó  al  sabio  budista  indio  Vimalakirti:  "¿Cómo  podemos encontrar el amor inagotable del bodhisattva?" Él respondió: “Debemos conocer el desinterés  y  la  vacuidad”.  Cuando  el amor  se  agota,  tenemos que  buscar nuestra apertura fundamental y abandonar la lucha del ego. Abrirse más hace que tremendos recursos  estén  disponibles  espontáneamente.  Por  eso  dicen  que  el  amor  del bodhisattva es como la luz de la luna que brilla sobre cien tazones de agua. Todos los cuencos están llenos de luz de luna, pero no porque la luna lo esté haciendo mediante esfuerzos agresivos. Hay abundante luz porque la luna se va relajando como está, entregándose a su luminosidad innata. 

Conectarnos  con  el  amor  sin  límites  nos  ofrece  ecuanimidad.  Cuando  nos enfrentamos  a  nuestras  circunstancias  con  una  actitud  de  bondad  amorosa, ofrecemos  una  forma  de  vida  que  es  estable  independientemente  del comportamiento  de  los  demás.  Es  inevitable  que  la  vida  tenga  dramas  e incertidumbre, pero podemos enfrentarlos con un sentido único de nuestro llamado a cultivar más bondad amorosa. 

El budismo dice que debido a la impermanencia, las personas que una vez fueron nuestros amigos podrían ser nuestros enemigos ahora, y las personas que ahora son nuestros amigos pueden ser enemigos algún día. Nuestros amigos pueden hacernos daño  sin  saberlo.  Por  lo  tanto,  seremos  inestables  si  confiamos  en  cómo  otras personas  se  relacionan  con  nosotros  para  decidir  si  tendremos bondad  amorosa. 

Estaremos atrapados en las reacciones en lugar de vivir en la ecuanimidad que surge de la resolución de afrontar la vida con dulzura y calidez. Así, el cultivo del amor ilimitado y la realización de la ecuanimidad están unidos. Cuando hay drama en el jardín de lotos, nos estabilizamos al expandirnos para encontrarnos con lo que venga con un corazón más abierto. 


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La sabiduría Dharmakaya

 

Descansando en la luminosidad

Lama Karma Wall

 

Una amiga me comentó recientemente lo sorprendente que era que su bebé, sin importar qué tan lejos o en qué dirección ambos se movieran durante la noche, él siempre pareciera mantener al menos un punto de contacto con el cuerpo de su madre. Estoy seguro de que esto es algo con lo que muchos padres pueden identificarse, y también es una experiencia común entre los jóvenes amantes, deseosos de permanecer en contacto, incluso en la inconsciencia.

Este hilo de contacto constante, el hilo de la continuidad, está en el corazón del tantra (tibetano: gyu; que significa continuidad). Un sinónimo común de esta continuidad es “luminosidad” (sánscrito: prabhasvara; tibetano: osel), también traducido como “luz clara” y “claridad luminosa”. El concepto de luminosidad se puede rastrear desde las primeras fuentes budistas hasta su desarrollo en la India clásica y los refinamientos posteriores de la teoría y la práctica tántrica budista en el Tíbet.

Como parte del camino de los Seis Dharmas de Naropa, el “yoga de la luz clara” o “yoga de la luminosidad” se refiere a la práctica de reconocer la vacuidad luminosa del dormir profundo y sin sueños. Normalmente el sueño profundo es un estado de apagón total. Pero a través de la práctica uno es capaz de descansar en la naturaleza no conceptual de la mente en medio del sueño profundo. En este punto amanece una experiencia de lucidez como un cielo interminable y sin nubes, sin centro ni periferia. Esto es descansar en el yoga de la luminosidad.

Según las enseñanzas tántricas, se dice que esta luminosidad aparece de varias formas naturales. Como se afirma en las Enseñanzas Orales de Manjushri:

Las mentes de los seres encarnados son refinadas

Cuando completamente están familiarizadas con las experiencias

Que ocurren en los meros momentos de muerte, desmayo, sueño,

Bostezos y unión sexual.

Estas ocasiones le suceden a todo el mundo, y esta universalidad apunta a la continuidad subyacente de la claridad luminosa en la mente de cada ser sintiente. Esta continuidad subyacente se conoce como fundamento y metafóricamente se la denomina “luminosidad madre”, el dharmakaya, la naturaleza permanente de todas las cosas. La luminosidad de la madre está en constante relación con todo lo que ocurre en el camino y, con reconocimiento, puede brillar en cualquier momento. Estas experiencias en el camino se denominan “luminosidad hijo”. Cuando el camino madura a su realización y el fundamento se reconoce plenamente, el resultado se denomina “reunión de madre e hijo”. Si bien este proceso ocurre de manera más completa en el momento de la muerte, las prácticas de los Seis Dharmas desarrollan familiaridad con esto durante la vida, particularmente la “luminosidad del sueño”, que Naropa llamó “el corazón” de los Seis Dharmas. 

 

La historia de la Claridad luminosa

Como escribe Jamgön Kongtrul Lodrö Thayé en The Treasury of Knowledge [El tesoro del conocimiento], la historia de la claridad luminosa comienza con un momento de desconocimiento:

La claridad luminosa natural, perfectamente pura, es la mente vajra. Cuando su energía expresiva natural no es consciente de su propia esencia, la mente afligida se agita desde el fundamento universal. Sobre esta base, la conciencia se considera un yo y su apariencia reflexiva se considera un objeto; [esta es] la división básica entre sujeto y objeto. Bajo el poder de esta percepción dualista, se acumulan diversas acciones kármicas y patrones habituales, convirtiéndose en una cadena entrelazada de engaños y derivas interminables en la existencia cíclica. Esta forma de engaño es una verdad relativa. Son las manchas incidentales de la mente las que deben eliminarse con refinamiento. Puesto que no permanecen como su carácter básico, aparecen y, sin embargo, no existen verdaderamente. Por lo tanto, uno puede liberarse mediante el antídoto del auto-reconocimiento.

La claridad luminosa es la unión de claridad y vacuidad. Debido al reconocimiento erróneo, la naturaleza de la mente se divide en dos: la vacuidad se confunde como el sujeto que percibe y la claridad se confunde como los objetos. Entre los dos se desarrolla una danza. A medida que el tira y afloja se convierte en apego y aversión, el ciclo del sufrimiento samsárico comienza a girar.       

¿Por qué la mente parece confundir su propia luz? ¿Por qué se aleja de sí misma, se duerme y se divide? Este es un misterio en el corazón del Dharma, y algo a lo que volvemos noche tras noche. Quizás, como dice Yongey Mingyur Rinpoche, la mente luminosa “es capaz de producir cualquier cosa, incluso la ignorancia de su propia naturaleza…. No reconocer la mente natural es simplemente un ejemplo de la capacidad ilimitada de la mente para crear”. La mente luminosa es tan libre en su resplandor que incluso es libre de explorarse a sí misma como oscuridad, separación e inconsciencia.

 

Disolución: Luz de Luna, Luz de Sol, medianoche

El tantra tiene una forma ingeniosa de convertir esos dramas en una narrativa corporizada. En este caso, a los aspectos de vacuidad y claridad se les da forma física. Estas formas se intuyen en el cuerpo como gotas blancas y rojas (tibetano: thigle; sánscrito: bindu) que se consideran las semillas del padre y de la madre, respectivamente. Cuando estas dos gotas se encuentran en el momento de la concepción, se convierten en una plataforma de aterrizaje para la conciencia dualista. A medida que el cuerpo se desarrolla en el útero, estas gotas se separan, pasando la gota blanca a residir en la cabeza y la roja en el ombligo.

En el momento de la muerte, al quedarse dormido y en la práctica yóguica, los cinco elementos y los pensamientos densos se disuelven. Entonces, los vientos más sutiles que apoyan nuestro aferramiento a la realidad de sujeto y objeto se disuelven. Estos vientos sutiles son los soportes de las gotas rojas y blancas, y sin ese soporte, las gotas se atraen unas hacia otras hacia el centro del corazón.

Según la tradición de Naropa, cuando la gota blanca desciende desde la coronilla hasta el corazón, se produce el amanecer de una experiencia inmersiva como estar en medio de un cielo iluminado por la luna. A esto se le llama “apariencia” blanca, en la que se disuelven conceptos relacionados con los objetos percibidos. A continuación, la gota roja del ombligo sube hasta el corazón y se produce una disolución panorámica en el centro de un cielo iluminado por el sol. A esto se le llama “aumento” y los conceptos relacionados con el sujeto perceptor se disuelven. Finalmente, cuando las gotas rojas y blancas se fusionan en el corazón, hay una experiencia como desmayarse en un cielo de medianoche completamente negro, sin centro ni borde. Esto se llama “logro” negro, en el que se disuelven todos los conceptos subyacentes a la mente dualista.

 

Entre la medianoche y la Luminosidad

En este punto, ya sea que estemos muriendo o durmiendo, dado que ya no hay puntos de referencia de sujeto y objeto a los cuales aferrarnos, nos desmayamos. Esta es la medianoche, la plena profundidad de la ignorancia. Pero si nos sentimos cómodos con la falta de fundamento, podemos descansar en el terreno sin fundamento de la conciencia madre y la luminosidad surge. Se dice que esto es como el cielo sin nubes entre la puesta de la luna y el amanecer.

Esta unión entre el “logro” negro y “luminosidad” es el nexo del yoga de la luminosidad. La práctica se enfoca en el centro del corazón (sánscrito: dharmacakra) del cuerpo sutil porque, durante la etapa de logro negro, la mente se reabsorbe en la conciencia fundamental universal, ubicada en el corazón. Este es el almacén de todas las huellas y hábitos kármicos que oscurecen su naturaleza. Cuando las manchas incidentales de ese fundamento se purifican, se le llama fundamento primordial de la sabiduría, la madre. Mientras la base de la conciencia dualista no se transforme en sabiduría no dual, habrá una brecha entre “logro” y “luminosidad”, y el practicante alternará entre el auto-reconocimiento y la inconsciencia.

 

Fundamento: La claridad luminosa de la Madre

¿Cómo purificamos estos oscurecimientos del fundamento y reconocemos su esencia luminosa y vacua? El primer paso es a través de una introducción directa a esa esencia por parte de alguien que haya estabilizado ese reconocimiento. Cuando Tilopa le dio tal presentación a su estudiante Naropa, lo golpeó en la cara con su sandalia y dijo: “Esta es sabiduría primordial que surge por sí misma, más allá de las palabras y la imaginación. No tengo nada más que mostrarte. Ahora deberías conocerte a ti mismo gracias a esta introducción directa a la Luminosidad de la Conciencia”. Naropa se desmayó con el golpe, pero cuando despertó nuevamente, su comprensión fue continua y estable.

La luminosidad base es algo que se reconoce en la relación con alguien que posee ese conocimiento y es capaz de transmitirlo. Al igual que la conexión entre una madre y su hijo, la intimidad de esta conexión es lo que permite el reconocimiento e informa el camino de la práctica que se sigue. 

 

Camino: La claridad luminosa Hijo

El camino se llama “luminosidad Hijo” para mostrar cómo la autoconciencia de cada individuo es única en la forma en que se ha separado de la conciencia madre, y única en el viaje que emprende de regreso a casa. La luminosidad madre e hijo nunca han estado realmente separadas, y el camino consiste en reconocer la continuidad subyacente. Después de la reintroducción inicial por parte del maestro, le corresponde al practicante reconocer la luminosidad en su propia práctica siguiendo su linaje de instrucción. Hoy en día se pueden encontrar multitud de instrucciones para practicar varios tipos de “yoga del sueño” sin dificultad. Estas instrucciones pueden traer beneficios, pero los métodos que se mantienen en una relación viva con un maestro en un linaje ininterrumpido de teoría y práctica conllevan una profundidad y autenticidad poco comunes.

Como la mayoría de nosotros ya sabemos, existe la teoría de cómo debería desarrollarse la práctica, y está la realidad de que la práctica nos encuentra en el lugar en el que nos encontramos, lo que a menudo es una historia bastante diferente. Ya sea en el retiro o en la vida diaria, para mí, esta es principalmente una historia de confusión y deambulación. El día tiende a ser una lucha constante de tira y afloja, deambulando por varios intentos fallidos de volver a casa. El Samsara, como dicen, es muy agotador. Al final del día, es natural querer desmayarse y apagar todo.

A veces sufro de insomnio, la corriente ininterrumpida de conceptualidad compulsiva. Al final puedo detener o agotar la corriente y hundirme en el olvido, olvidándome de todo el desastre. Por un lado, dormir es un salvavidas. Es un bálsamo nutritivo que nos permite seguir viviendo. Por otro lado, es también el lugar más necesitado de conciencia, donde los hábitos de ignorancia son más espesos. La compulsión de empujar y tirar durante el día proviene de los oscurecimientos del fundamento, y cuando llega el momento de dormir, el proceso natural de disolución ocurre en un instante y somos absorbidos nuevamente por la oscuridad de esa base.

El yoga de la luminosidad comienza disminuyendo el tira y afloja compulsivo del día para que el proceso de disolución no sea una carrera loca hacia el olvido, sino una elegante transición hacia la luminosidad. Comenzamos introduciendo más luminosidad en nuestro día para que la atracción del apagón del logro no sea tan apremiante. Luego, trabajamos con la práctica de la noche, llevando la vigilia directamente a la parte más oscura de la noche.

 

La práctica del Día

Las instrucciones tradicionales comienzan con los consejos más prácticos para recordar la impermanencia. Reflexionar sobre la impermanencia a lo largo del día resalta naturalmente la naturaleza luminosa de los fenómenos y también disminuye el apego a quien los percibe. Después de esto, la forma más sencilla de desarrollar la lucidez del sueño profundo es meditar en Mahamudra durante el día. Como sugiere Naropa, al mezclar la mente con el cielo y otras prácticas mahamudra, el proceso de disolución se produce sin esfuerzo y uno es capaz de reconocer la luminosidad.

También se dan métodos complementarios, como las disoluciones de la práctica del calor interior (tummo), o mediante la disolución en el centro del corazón, en la que el practicante imagina repetidamente su propio cuerpo como el cuerpo de luz de la deidad, irradiando esa luz en todas direcciones y eclipsando todas las apariencias habituales del mundo fenoménico. Esta luz panorámica luego se disuelve en el propio cuerpo, que a su vez se disuelve en una gota de luz en el corazón y se desvanece, borrando la base del sujeto que la percibe. Este proceso es una forma potente de disminuir la aprehensión del perceptor y lo percibido que subyace a la experiencia dualista.

 

La práctica de la Noche

Al momento de ir a dormir, uno desarrolla primero el poder de aspiración para reconocer la luminosidad del dormir sin sueños. Combinado con esto está el poder de la devoción y la compasión, reconectarse con la introducción ofrecida por el maestro y suplicar al linaje la bendición de poder reconocer el estado de sueño para beneficiar a los demás. Ofrecer y dedicar una vela o lámpara de mantequilla para mantenerla encendida durante la noche también puede fomentar la lucidez.

La mayoría de las instrucciones para la práctica nocturna se relacionan con una visualización en un lugar particular del cuerpo, como en la parte superior de la cabeza, la frente, el corazón, el abdomen, la punta de los órganos sexuales o en el canal central como un todo. Como se mencionó, el centro del corazón es generalmente el foco principal. Independientemente del método, uno se concentra de una manera vívida pero relajada y se queda dormido en ese enfoque.

En general, para la mayoría de nosotros en el camino, la devoción es la práctica principal que nos ayuda a desarrollar la capacidad de reconocer la luminosidad del sueño. La forma más fácil y menos esotérica de practicar es simplemente visualizar al maestro o cualquier sabiduría en el corazón. Puedes irradiar luz desde esto y llenar la habitación, o simplemente descansar en ese punto de luminosidad en el corazón y quedarte dormido.

Naropa también sugiere que una vez que uno está dormido, su maestro o compañero puede susurrarle al oído: "¿Estás reconociendo la luminosidad del sueño?" Como muchos practicantes laicos sabrán, ¡ese recordatorio también puede provenir de los niños que chillan por la noche!

Según Jetsun Taranatha, este tipo de intervenciones externas, especialmente en forma de bendiciones espirituales, son en realidad los únicos métodos que pueden ser causas directas de la vigilia durante el sueño profundo. Escribe: “Durante el sueño profundo, no hay ningún esfuerzo consciente; por lo tanto, la luminosidad del sueño sólo puede aparecer por sí sola, sin que ninguna otra meditación sea útil”.

Incluso si hemos desarrollado la capacidad de ralentizar el proceso de disolución lo suficiente como para apreciar las apariciones de la luz de luna, la luz de sol y la medianoche, al final de este proceso no hay nadie allí para ejercer un esfuerzo consciente. La brecha entre el logro de oscuridad y el amanecer de la luminosidad persiste incluso para los practicantes avanzados. Y, en cualquier caso, “experimentar” la luminosidad del sueño en realidad no es posible. No hay dirección, ni punto de referencia, ni corriente de pensamiento y, por tanto, no hay tiempo ni duración. Muchas veces, al principio, la luminosidad del sueño sólo se reconoce en retrospectiva. Hasta que no nos familiarizamos con la falta de fundamento, a menudo sólo lo notamos en retrospectiva, una vez que hemos regresado a un terreno familiar y echamos un vistazo a lo que acaba de suceder.

A veces me despierto y digo: "Estaba durmiendo, pero no estaba dormido". Recuerdo mirar el reloj a las 4:00 a.m. y desde entonces no he dormido nada. Pero ahora, cuando miro de nuevo, el reloj marca las 6:00. No hubo sueños. ¿Dónde se fue el tiempo? Estuve despierto todo el tiempo...

A veces, de la nada, aparece un sueño. No puedo decir si tengo los ojos abiertos o cerrados, pero sí sé que estoy durmiendo, así que debe ser un sueño. De alguna manera, “yo” estaba “allí” para notar que el sueño aparecía de la nada. Este puede ser el comienzo del yoga de los sueños, pero en retrospectiva, también es una muestra del yoga de la luminosidad. En este punto, si pregunto: "¿Quién está soñando?" el sueño puede volver a disolverse en luminosidad... o en apagón. El límite entre el logro de la medianoche y la claridad luminosa, el reconocimiento y el desconocimiento, es inescrutable y sutil.

La luminosidad podría considerarse algo así como una experiencia de exhalar por siempre jamás, descansando en el punto de fuga de ese aliento, desarrollándose sin fin ni origen, bañándose en un silencio y una quietud tan profunda que se filtra en cada fibra del cuerpo y en cada filamento de la mente, devolviendo todo a una inocencia original y a un abrazo sagrado. Se dice que si uno puede descansar de esta manera durante el sueño profundo en esta vida, es probable que pueda despertar con la luminosidad plena que amanece en el momento de la muerte.

 

Realización: La reunión de la luminosidad Madre e Hijo

Hasta ahora, ha servido de ejemplo cada momento de vivencia de luminosidad. El primer ejemplo, dado por el maestro, se profundiza con cada experiencia posterior de luminosidad en el camino. Estos ejemplos de luminosidad Hijo purifican las manchas incidentales del fundamento hasta el punto en que la conciencia habitual es reconocida como sabiduría dharmakaya, la mente búdica. Si este proceso no se completa en vida, la muerte ofrece una oportunidad sin precedentes para que ocurra de una vez. En este punto, la luminosidad del camino puede reincorporarse plenamente al terreno auténtico de la luminosidad Madre, “como un niño saltando al regazo de su madre”.

Sea el reencuentro de madre e hijo, o el encuentro de un viejo amigo o amante después de vidas separadas, todo acaba en un abrir y cerrar de ojos. No sabemos exactamente por qué perdimos el contacto, o si realmente lo perdimos, o incluso si eso importa mucho. Todo el tiempo hubo ejemplos, indicaciones de que la impresión de separación era falsa, indicios de una continuidad subyacente que se tejía a lo largo de todo el camino. E incluso si sentimos que esta separación podría volver a ocurrir, es difícil decir que no lo volveríamos a hacer, curiosos por mantener el equilibrio al borde de la medianoche y la luz clara, y arriesgarnos a quedarnos dormidos. La vigilia, después de todo, requiere menos esfuerzo que parpadear y se completa en un instante de auto-reconocimiento. 

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