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jueves, 31 de marzo de 2022

Vacuidad, carencia de signo y de meta

 

Las puertas de la liberación

Thich Nhat Hanh|

 


Las nociones dualistas, así como el nacimiento y la muerte, ser y no ser, igualdad y otredad, ir y venir, son la base de todas las aflicciones. Meditar en las tres puertas de la liberación nos ayuda a deshacernos de estas nociones. Las tres puertas de la liberación, las cuales son enseñadas en cada tradición budista, son vacuidad, ausencia de signo, y ausencia de meta [u objetivo]. El contemplar estas tres profundas verdades nos puede ayudar a liberarnos del miedo y del sufrimiento. Son nuestras puertas de entrada a la libertad.

Al vivir con presencia mental y concentración, vemos una realidad más profunda y somos capaces de darnos cuenta de la impermanencia sin miedo, enojo o desesperanza. El nirvana no es un lugar al que hay que llegar. No es algo que estamos intentando alcanzar en el futuro. El nirvana está disponible para nosotros justo ahora. La vacuidad, la ausencia de signo y la ausencia de meta son llamadas las tres puertas de la liberación porque, si meditamos en ellas, nos van a liberar de todos los tipos de pensamiento discriminatorio, de tal modo que podamos tocar nuestra verdadera naturaleza.

No yo: La comunicación perfecta

La primera puerta de liberación es la vacuidad. La vacuidad no es una filosofía; es una descripción de la realidad. Supongamos que tienes dos vasos, uno lleno de té y otro sin nada de té. Describirías el vaso sin té como vacío, pero ¿vacío de qué? El vaso está vacío de té, pero está lleno de aire. Y el vaso mismo aún existe, contenga o no contenga té. La vacuidad no significa no ser. Hay una gran diferencia entre la vacuidad y la no-existencia. Para estar vacío, tienes que estar ahí.

La vacuidad siempre es un vacío de algo, así como la consciencia siempre es conciencia de algo. Cuando vemos una hermosa flor de crisantemo, vemos que todo en el cosmos está presente en esa flor; hay nubes, resplandor de sol, tierra, minerales, espacio y tiempo. La flor no puede existir sola y por ella misma. El vaso, la flor, todo lo que hay dentro de nosotros y alrededor nuestro, y nosotros mismos sólo estamos vacíos de una cosa: de una existencia independiente y separada.

La descripción más simple de la vacuidad en las enseñanzas budistas está en la frase: Esto es porque aquello es. Una flor no puede existir sola y por sí misma. Ser sólo puede significar inter-ser. Ser solo y por uno mismo es imposible. Todo lo demás está presente en la flor; la única cosa de la cual la flor está vacía es de sí misma. 

Mirando de esta manera empezamos a ver que todo tiene la naturaleza de la vacuidad. A veces esa naturaleza de vacuidad es llamada no-yo.  Pero no te preocupes, no-yo no significa que no estés ahí. Así como el vaso que está vacío de té aún existe, tú también existes, incluso sin un yo separado.

Cuando miramos una acción, creemos que tiene que haber un actor separado que existe detrás de ella. El viento sopla, sin embargo, en realidad, no hay alguien que lo esté soplando. Sólo hay viento, y, si no sopla, no es viento.

Cuando tenemos un pensamiento, quizás creamos que hay un pensador que existe separado del pensamiento. Así como no podemos encontrar a un soplador fuera del viento, ni tampoco a un ‘llovedor’ fuera de la lluvia, del mismo modo no hay un pensador existente fuera del pensamiento. Cuando pensamos algo, somos esos pensamientos. Nosotros y nuestros pensamientos no estamos separados. Cuando decimos algo, esas palabras somos nosotros; no hay un hablante fuera de las palabras. Cuando hacemos algo, nuestra acción somos nosotros. No hay un actor fuera de la acción.

Hay un verso que a veces se recita antes de hacer la reverencia a una estatua del Buda, que dice:

El que hace la reverencia

y al que se hace la reverencia

son ambos, por naturaleza, vacíos.

Así, la comunicación entre nosotros 

es inefablemente perfecta.

Un buddha está hecho únicamente de elementos no-búdicos, así como yo estoy hecho únicamente de elementos que no son yo. Si quitamos los elementos que no son yo de mí -el sol, la tierra, la basura, los minerales, el agua, mis padres y mi sociedad- no queda nada de mí. Si quitas los elementos no-búdicos de un buda, no queda más buda. La comunicación es perfecta cuando entendemos que aquel que hace una reverencia y aquel que es reverenciado están vacuos.

Si vemos a un niño, podemos ver que estamos plenamente presentes en cada célula de ese niño. Si no podemos entender cómo es posible que ese niño pueda actuar de cierto modo, es útil recordar que el niño no tiene un yo separado. Los padres y ancestros del niño están dentro de él. Cuando él camina y habla, ellos caminan y hablan también. 

Cuando podemos ver con entendimiento a quienes nos rodean, en vez de con enojo o apego, disfrutamos el fruto de la contemplación de la vacuidad.

No-forma: El maravilloso viaje del no-signo

La segunda puerta de liberación es el no-signo. Un signo marca la apariencia de algo, su forma. Nosotros reconocemos las cosas basándonos en su signo, pero a menudo somos engañados por la forma externa de las cosas. El Buddha dijo, “donde hay un signo, hay decepción”.

Por ejemplo, cuando vemos hacia arriba al cielo y vemos una nube en particular. Pero si nos quedamos viéndola por un tiempo suficiente, parece que la nube desaparece. La nube se ha vuelto lluvia, neblina o nieve, y ya no la reconocemos.

Si tú te apegaste a ésa nube, quizás pienses, “Oh, mi amada nube, ¿en dónde estás ahora?” Te extraño. Has pasado de ser a no ser. Ya no te puedo ver”. Quizás no te sientes así por una nube, pero así es como te sientes cuando pierdes a alguien que es cercano a ti. Tan sólo ayer tu amiga estaba viva. Ahora parece que ella ha pasado de ser a no ser.

Pero, de hecho, nuestra nube aún está ahí, porque para una nube es imposible morir. Quizás se convierta en nieve, granizo o lluvia, pero no se vuelve nada. Es imposible pasar de ser a no ser. Tu amada aún está ahí, en algún lugar. Si tú tienes la sabiduría del no-signo, podrás reconocer a tu amada en sus nuevas formas. 

Imagina que vierto un poco de té de la tetera en un vaso vacío. Cuando lo bebo el té cambia su forma. Si doy una plática poco después de tomar ese té, la plática tendrá un poco del té en ella. Así que el té no sólo está en la tetera. Tiene un trayecto. Viaja y tiene varias formas.

Esto también es cierto para nosotros. Nosotros no somos sólo nuestro cuerpo, los pensamientos y los sentimientos que tenemos en este momento. Cada pensamiento, palabra, y acción que producimos continúa aún después de que nuestros cuerpos se han desintegrado. No te tienes que preocupar acerca de dejar de existir. Nuestras formas cambian, pero nada está perdido. Sea que la nube tome forma de nube, de lluvia, de río, o de té, continúa en su maravilloso viaje. 

Sin meta: la felicidad de la ausencia de objetivo

La tercera puerta de la liberación es la ausencia de meta. La ausencia de meta significa que tú no pones nada en frente de ti como el objeto de tu búsqueda. Lo que estás persiguiendo no está fuera de ti; ya está aquí. Tú ya eres aquello en lo que te quieres convertir. Concentrarse en la ausencia de meta libera tu añoranza y tu deseo por algo que está en el futuro y en otro lugar.

Quizás estés pasándote la vida corriendo en vez de viviendo. Quizás estés correteando para perseguir la felicidad, el amor, el romance, el éxito o la iluminación. El concentrarse en la ausencia de meta consiste en quitar el objeto de tu búsqueda, tu objetivo. Si estás corriendo tras el nirvana, debes saber que el nirvana ya está ahí en ti mismo y en todo. Si estás corriendo tras el Buddha, sé consciente de que el Buddha ya está en ti. Si estás buscando felicidad, sé consciente de que la felicidad está disponible para ti en el aquí y el ahora. 

Esta visión profunda te ayuda a dejar de estar corriendo. Sólo cuando dejas de correr puedes lograr la plenitud y la felicidad que estabas buscando. Una ola no tiene que irse del mar y buscar el agua. Es agua justo en el aquí y el ahora. Un árbol de cedro no tiene ningún deseo de ser un pino o un ciprés o incluso un pájaro. Es una manifestación maravillosa del cosmos tal y como es. Tú eres la manifestación del cosmos. Eres maravillosa justo así. 

Se nos enseña a pensar que si no tenemos una meta, no llegaremos a ninguna parte. ¿Pero a dónde vamos? Pensamos que nacemos y que tenemos que lograr algo antes de morir. Supón que trazamos una línea de izquierda a derecha representando el curso del tiempo. Escogemos un punto -llámalo Punto N- y lo llamamos nacimiento. Alguien nace en este momento. Hacemos un certificado de nacimiento para este bebé pensando que esta persona empieza a existir en el Punto N. Pero, de hecho, el niño ya estaba ahí. Incluso antes del momento de su concepción, las semillas del niño existían en otras formas. El Punto N es un momento de continuación. No hay principio.

Pensamos que habrá un momento cuando dejemos de ser. En la línea imaginaria que hemos trazado, llamémosle Punto M, muerte. Creemos que en el nacimiento pasamos de no ser a ser, y creemos que en la muerte pasamos de ser, de vuelta a no-ser. Viendo profundamente hacia nuestras nociones de ser y no ser, conscientes de la vacuidad y la ausencia de signo de todas las cosas, tocamos la realidad de la naturaleza de todas las cosas, una naturaleza que no tiene nacimiento ni muerte.

Cuando caminamos a través de las puertas de la liberación, extinguimos todas las nociones. Ya no hay ninguna necesidad de tener miedo. Si la ola sabe cómo descansar en el agua, ella disfrutará ir hacia arriba y disfrutará ir hacia abajo. La ola no tiene miedo de ser y de no ser. No se asusta de ir ni de venir. La ola es capaz de tocar el océano en sí misma. Las tres puertas de liberación nos recuerdan que no somos diferentes de aquella ola: vacíos, sin signo, y capaces de tocar lo inherente y último en nosotros en cualquier momento. 

 

Thich Nhat Hanh (1926-2022) fue un muy reconocido maestro Zen y poeta, fundador del Engaged Buddhist movement [Movimiento de Budismo Comprometido], y fundador de nueve comunidades monásticas, incluyendo el Plum Village Monastery en Francia. Él también fue el autor de más de cien libros, incluyendo At Home in the World y The Other Shore cuyas copias son vendidas por millones alrededor del mundo. 

 

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miércoles, 16 de febrero de 2022

Siete instrucciones para generar bodhicitta

 

El Corazón del Buddha

Thubten Chodron | November 19, 2021

 

En momentos como estos, cuando la sociedad está polarizada y la gente se siente insegura emocional y económicamente, anhelamos la conexión con los demás, saber que estamos juntos en esto y que nos cuidaremos unos a otros. A pesar de este anhelo, nuestra mente egocéntrica interfiere y nos mantiene separados.

Para derribar los muros del miedo y la alienación, podemos practicar las llamadas siete instrucciones de causa y efecto para desarrollar la bodichitta, la aspiración de alcanzar la budeidad para beneficiar a los demás. Esta práctica de meditación nos ayuda a ver que siempre hemos estado conectados con los demás y que podemos abrir nuestros corazones con amor, compasión y altruismo.

Antes de emprender la primera de las siete instrucciones, debemos generar ecuanimidad. Es decir, debemos liberarnos tanto como podamos de nuestro apego a los seres queridos, la antipatía hacia los enemigos (personas con las que no nos sentimos cómodos) y la apatía por los extraños.

Una forma de hacer esto es ver que las personas cambian de roles en nuestras vidas constantemente; nadie es un ser querido, enemigo o extraño fijo. Una segunda forma es ver que creamos estas categorías y encajamos a las personas en ellas de acuerdo con cómo se relacionan con "mí", como si eso determinara su valía.

Una vez que hemos cultivado la ecuanimidad, podemos practicar estos siete pasos para ayudarnos a desarrollar nuestra compasión, sabiduría y bodhichitta.

 

Meditación

1. Reconoce que todos los seres vivos han sido tus padres.

Nuestra capacidad para reconocer que todos los seres vivientes han sido nuestros padres en un momento u otro en el samsara sin comienzo, se basa en aceptar el renacimiento y liberar la noción de que todos siempre han sido quienes aparentan ser ahora. Si estas ideas son nuevas para ti, por el bien de esta meditación deja a un lado tus dudas.

2. Recuerda la bondad que has recibido

Recuerda la inmensa bondad que has recibido de todos los seres vivos cuando eran tus padres, al usar el ejemplo de tus padres en esta vida. Te dieron este cuerpo, te protegieron y te alimentaron cuando no podías cuidarte, se aseguraron de que recibieras una educación, te enseñaron modales y cómo llevarse bien con los demás, y alentaron tus talentos. Te amaban y te cuidaban lo mejor que podían, dados sus propios problemas y limitaciones. Perdona sus fallas porque, al igual que tú, son seres vivos bajo la influencia de la ignorancia, el apego y la ira.

3. Desea devolver su amabilidad

Cuando te das cuenta de que has recibido una tremenda bondad por parte de los demás, surgirá naturalmente el deseo de devolver su bondad.

4. Experimenta un amor reconfortante

Tu deseo de devolver la bondad de los demás te conducirá a la experiencia de un amor reconfortante. Verás a los demás con cariño y querrás que tengan la felicidad y las causas de la felicidad.

5. Deja que surja la compasión

Al contemplar el sufrimiento de todos los seres, permite que surja la compasión y desea que se liberen de todas las circunstancias insatisfactorias del samsara y sus causas. Sabrás que tu meditación sobre la compasión ha tenido éxito cuando sienta por todos los seres lo mismo que una madre siente por su único hijo cuando está enfermo.

6. Cultiva la gran determinación

Al fortalecer tu amor y compasión a través de la contemplación repetida, genera la intención de liberar a otros del sufrimiento y sus causas y de traerles felicidad. Cuanto más fuerte sea nuestra conciencia de su bondad y miseria, más fácil será generar esta gran determinación. Piensa: “Qué maravilloso sería si todos los seres sintientes estuvieran libres del sufrimiento y sus causas. Que sean libres. Haré que sean libres. Que todos los seres tengan la felicidad y sus causas. Yo traeré esto”.

7. Generar la intención altruista de la bodichita

En la actualidad estamos limitados y no podemos liberar a todos los seres del sufrimiento. Solo si nos convertimos en buddhas podremos realizar esta aspiración más profunda. Por lo tanto, toma la decisión de alcanzar la budeidad para beneficiar a los seres de la manera más eficaz. Ésta es la intención altruista de la bodhichitta. Los primeros seis pasos de las siete instrucciones de causa y efecto generalmente se consideran las causas, mientras que este último, la intención altruista, es el efecto. Esta intención te encamina hacia la realización de tu magnífico potencial humano y es la causa de la felicidad de todos los seres.

 

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El amor inagotable del bodhisattva

 

Abre más tu corazón

Pema Khandro Rinpoche| February 14, 2022

 

No renuncies al amor. Cuando el amor sea duro o doloroso, abre aún más tu corazón.

Ese es el consejo que dio el gran maestro budista del siglo XIX, Patrul Rinpoche. Cuenta la historia de una abeja dorada que vivía feliz con su amante en un jardín de lotos. Desde el momento en que estas dos abejas se conocieron, tuvieron una conexión inmediata. Se rieron y sonrieron juntos y compartieron sus pensamientos más profundos. Pero entonces vino una tormenta. El amante de la abeja dorada falleció. En un instante, su dicha se convirtió en sufrimiento. A pesar de la virtud de su consorte y de cuánto la amaba, su vida había terminado.

Abrumada por el dolor, la abeja dorada pidió consejo. Esto es lo que le dijeron: “Los seres sintientes fueron tus buenos padres y madres en vidas anteriores. Ahora están vagando en la existencia condicionada. Aunque ellos también desean la dicha, experimentan sufrimiento. Ellos también pueden no tener amigos. Trae a la mente un gran amor y compasión mientras recuerdas a los demás de esta manera. Recordarlos despertará tu coraje. Con gran amor, cultiva el deseo de eliminar el sufrimiento de todos los seres.”

Este consejo de cultivar un amor ilimitado por todos los seres sintientes cuando nos separamos de aquellos a quienes amamos es una enseñanza para todos nosotros. Cuando nuestro amor está cansado o ha llegado a sus límites, el budismo sugiere que abramos más nuestros corazones y aprovechemos un amor más expansivo. Esta apertura es el primer paso para despertar nuestro heroísmo natural conocido como el amor del bodhisattva. Podemos abrirnos a un mayor amor en momentos de dolor porque nuestra vulnerabilidad y nuestra compasión están entrelazadas.

Al igual que la abeja dorada, podemos comenzar a abrir nuestro corazón sintiendo compasión hacia nosotros mismos y luego traer a la mente a otros que están en la misma situación. Esta práctica va en contra de nuestro habitual instinto de autoprotección. Sin embargo, resulta que cuando contemplamos el sufrimiento de los demás y abrimos más nuestro corazón, en realidad nos da más fuerza. Nos da propósito y resistencia. Abrir nuestros corazones despierta nuestro coraje intrínseco porque nuestra compasión y nuestro heroísmo natural están conectados.

Pero nuestro deseo de vivir una vida de bondad amorosa a menudo se ve eclipsado por nuestras neurosis habituales. Puede que comencemos con intenciones amorosas, pero nos cooptamos tan fácilmente al aferrarnos a las expectativas o al perdernos en artificios esponjosos. Entonces, ¿cómo podemos cultivar el amor ilimitado de una manera que se base en la sabiduría?

El gran maestro tibetano Longchenpa aconsejó en su texto El gran carro, que el amor ilimitado debe desarrollarse “uno por uno”. Partimos de nuestra propia experiencia inmediata. Recordamos el amor que recibimos de una persona, o que sentimos por una persona. Luego lo expandimos para incluir a otro, y a otro, hasta que nuestro amor incluye a todos los seres tan ilimitados como el cielo.

El amor sin límites se extiende desde el amor que conocemos de primera mano. Es por eso que el budismo nos recuerda recordar el amor que hemos recibido de nuestros padres y madres (o cuidadores), y luego construir sobre eso. Tal vez nuestra relación con nuestros padres no fue un amor fácil, tal vez el solo pensar de esa manera trae angustia. Pero eso también es parte de la práctica, ya que cultivar el amor nos pone en contacto con toda la experiencia de la vida, tanto con la belleza del mundo como con su dolor.

Recordar la experiencia de amor y bondad que hemos recibido nos impulsa a seguir adelante más allá de la separación que sentimos. Ayuda a derretir los muros que construimos entre nosotros y los demás. Al descubrir nuestra ternura natural, nos damos cuenta de que el camino del amor bondadoso es una forma de vida más auténtica porque nuestra autenticidad y el corazón tierno de la compasión están unidos.

La práctica del amor es a veces dura, incluso escandalosamente dolorosa. Un día decidimos ser amorosos y amables y tal vez al día siguiente no podamos conectarnos con el amor en absoluto. ¿Lo que falta? ¿Dónde está nuestro amor cuando no podemos sentirlo?

Una vez se le preguntó al sabio budista indio Vimalakirti: "¿Cómo podemos encontrar el amor inagotable del bodhisattva?" Él respondió: “Debemos conocer el desinterés y la vacuidad”. Cuando el amor se agota, tenemos que buscar nuestra apertura fundamental y abandonar la lucha del ego. Abrirse más hace que tremendos recursos estén disponibles espontáneamente. Por eso dicen que el amor del bodhisattva es como la luz de la luna que brilla sobre cien tazones de agua. Todos los cuencos están llenos de luz de luna, pero no porque la luna lo esté haciendo mediante esfuerzos agresivos. Hay abundante luz porque la luna se va relajando como está, entregándose a su luminosidad innata.

Conectarnos con el amor sin límites nos ofrece ecuanimidad. Cuando nos enfrentamos a nuestras circunstancias con una actitud de bondad amorosa, ofrecemos una forma de vida que es estable independientemente del comportamiento de los demás. Es inevitable que la vida tenga dramas e incertidumbre, pero podemos enfrentarlos con un sentido único de nuestro llamado a cultivar más bondad amorosa.

El budismo dice que debido a la impermanencia, las personas que una vez fueron nuestros amigos podrían ser nuestros enemigos ahora, y las personas que ahora son nuestros amigos pueden ser enemigos algún día. Nuestros amigos pueden hacernos daño sin saberlo. Por lo tanto, seremos inestables si confiamos en cómo otras personas se relacionan con nosotros para decidir si tendremos bondad amorosa. Estaremos atrapados en las reacciones en lugar de vivir en la ecuanimidad que surge de la resolución de afrontar la vida con dulzura y calidez. Así, el cultivo del amor ilimitado y la realización de la ecuanimidad están unidos. Cuando hay drama en el jardín de lotos, nos estabilizamos al expandirnos para encontrarnos con lo que venga con un corazón más abierto.

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